FIRMAS Marisol Ayala

Skateros y bicis ponen en peligro la integridad física de los peatones. Por Marisol Ayala

Con total impunidad ocupan zonas peatonales sin que nadie ponga coto a una temeridad que ya ha causado lesiones a varios viandantes.

La Policía Local de Las Palmas de GC tiene ahí un trabajo pendiente

No son muchos pero sí los suficientes para no pasar desapercibos; llegan volando y no son pájaros, tampoco palomas. Vienen en rueda y no son coches, se escurren como peces entre las manos y no son pescados. Que yo sepa. Todos los hemos visto en Las Palmas de Gran Canaria y los hemos evitado ante la posibilidad real de que se te echen encima y te rompan un hueso. Y no hablo por hablar. Sé bien a que me refiero. Es un fenómeno al que hasta ahora nadie ha puesto freno. Hablo de los que se conocen por “skateros”, es decir, esos jóvenes y menos jóvenes que se suben a una tabla con ruedas y cuya habilidad para manejarla es evidente y divertirse, también lo será, sin duda. Nada que objetar pero, claro, cuando en una sociedad se divierten 100 y el resto es intimidado, algo va mal. Esos chicos, la mayoría lo son, llegan trotando en sus skates a una velocidad muy respetable e invaden espacios, aceras, plazas, avenidas, etc por los que transitan quienes no usamos skates para movernos, solo dos piernas y que sin ellas en condiciones el estropicio físico y moral tiene un costo. Lo más curioso es que los skateros tienen en la ciudad zonas exclusivas para hacer las más variadas piruetas sin atentar contra nadie pero como son los chachis, unos “artistas” y nadie controla su conducta temeraria, aquí pan y en el cielo nubes.

Llevo tiempo observándoles y después de quejarme en mil sitios y comprobar que el malestar es extensivo a muchos viandantes, que ponen en juego su integridad física ha llegado el momento de hacerlo públicamente y que cada palo aguante su vela. Por ejemplo: Empresarios de la zona del parque Santa Catalina, un grupo de comerciantes que viven de la paz de sus calles para atraer a clientes, se han quejado al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, se han reunido con políticos del área de seguridad para relatarle el riesgo cierto que suponen los skateros en zonas peatonales, o en todo caso, lejos de los recintos adecuados para sus numeritos. Pero igual ocurre con bicis. Igualmente sus propietarios están en la creencia de que la ciudad les pertenece y que los peatones no somos más que divertidos obstáculos a esquivar. Hasta que un día a esos “artistas” les fallen los reflejos o reciban un empujón de protección y pase de nuevo lo que ya ha ocurrido en Las Palmas de Gran Canaria al menos cuatro veces que yo conozca.

La última, que recuerde, ocurrió en el Parque Santa Catalina, en el entorno de Casa Fataga. Una empresaria de Las Palmas paseaba por la zona hace un mes, un domingo por la tarde para ser más exactos; de pronto, como una exhalación, un skate con vida propia fue frenado por su pierna. La lesión se la pueden imaginar. No le fracturaron la pierna de milagro pero recibió tal un golpe que requirió atención médica, puntos de sutura y 2 semanas con la pierna en reposo. Con el trajín lógico de atenderla los transeúntes y sus acompañantes perdieron de vista al propietario de skat que desde que pudo se subió a su avión de asfalto y desapareció mientras que a la señora se la llevaba al Perpetuo Socorro. No saben ni la cara que tiene el agresor, claro. Huyó.

Es sorprendente que los efectivos de la Policía Local no estén vigilantes con una conducta ciudadana que viola la normal convivencia de otros ciudadanos que ante la presencia de skats y bicicletas se sienten agredidos. Me gustaría saber cuántas multas han puesto la Policía Local a los que se pasean por la ciudad desafiando a toda autoridad. Me pregunto incluso si los artistas sabrán que comenten ilegalidades.

Termino contando que hace dos o tres semanas a una señora que bajaba la Avenida de Escaleritas acompañando a su hija y al bebé de ésta en su cochito casi la desplazan a la carretera. La mujer al ver a una bicicleta bajaba por la misma acera a toda leche protegió el cochito y entonces el ciclista hizo una pirueta y se perdió avenida abajo.

Poco más que decir. Que ahora hablen y pongan medios los que tienen una responsabilidad política indudable.

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