FIRMAS Francisco Pomares

A babor. Marrakech. Por Francisco Pomares

Casi dos semanas de reuniones científicas y políticas concluyeron la noche del viernes en Marrakech con una declaración unitaria respaldando los Acuerdos de París sobre el cambio climático, y con el compromiso de los asistentes de mantener la senda trazada entonces para evitar las emisiones de CO2 y el calentamiento del planeta, un problema que se considera hoy más peligroso para la Humanidad que las viejas plagas bíblicas del hambre, la enfermedad o la violencia.

Sin embargo, y a pesar de que la «proclamación de Marrakech» se redacta en un tono de alto compromiso con el «espíritu de París» y un lenguaje muy beligerante contra el uso del carbón y el resto de los combustibles fósiles, la cumbre ha estado desde su inicio presidida por la preocupación por la futura política de la nueva administración estadounidense. Nadie sabe qué consecuencias traerá el negacionismo climático de Trump, presidente electo de la nación más contaminante del planeta, un hombre que califica el cambio climático de «cuento chino» y es un belicoso defensor del uso ilimitado de carbón, petróleo y gas, principales fuentes de emisión de CO2. La probabilidad de que la próxima administración estadounidense denuncie los acuerdos de París ha estado muy presente en los encuentros y deliberaciones. El Secretario de Estado John Kerry, enviado de primer nivel de Obama, ha intentado frenar el desánimo: ha explicado que el proceso de organización mundial para frenar las emisiones es absolutamente irrevocable y ha adelantado el compromiso de las principales multinacionales y empresas de su país -360 en total- en la lucha contra el calentamiento global y el cumplimiento de los compromisos de París. El sector privado se suma por primera vez -y de forma masiva- a la lucha contra el calentamiento global. En la vanguardia del grupo, las empresas de tecnología renovable, que ven una extraordinaria oportunidad para el negocio, pero también las empresas de seguros, alertadas por las pérdidas ocasionadas en los últimos años por las grandes catástrofes fruto del cambio en el clima.

Como noticia positiva de la cumbre, la aprobación de la «estrategia 2050», suscrita por dos decenas de naciones desarrolladas que se comprometen a publicar los mecanismos que van a implementar en materia de energía, industria, transportes, agricultura y pesca o construcción, para eliminar los gases de efecto invernadero antes de 2050. Alemania se ha comprometido en reducirlos en un 95 por ciento, y Estados Unidos en un 80 por ciento. España no figura entre los firmantes, aunque el presidente Rajoy acudió a la sesión inaugural de la cumbre y se hizo la foto de familia, aprovechando un viaje cuyo objetivo real era un encuentro bilateral con el monarca alauita. El ministro Álvaro Nadal sí ha anunciado que se revisará el impuesto al sol de Soria, y que habrá un proyecto de ley del cambio climático, del que ni siquiera existe borrador ni se conoce grupo de trabajo constituido. Desde 2014, coincidiendo con el fin de la crisis, España ha aumentado sus niveles de emisión de CO2. En Canarias se han duplicado las emisiones en lo que va de siglo. Una parte muy considerable de ellas son consecuencia del incremento del turismo y el transporte aéreo…

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