FIRMAS Francisco Pomares

A babor. Bajar el IGIC. Por Francisco Pomares

Asier Antona ha querido entrar en el debate sobre la muy cosmética medida de reducir el IGIC cultural del 7 al 3 por ciento, valorando la decisión adoptada por el Gobierno en los presupuestos del 2017, pero dejando claro que la posición del PP consiste en reducir todo el IGIC y no sólo el cultural. Recordó Antona que el PP propone reducir el IGIC al 5 por ciento, lo que supondría un importante ahorro para los consumidores canarios, un ahorro de -aproximadamente- unos 400 millones de euros. Es difícil no estar de acuerdo con un político que pide bajar los impuestos, sobre todo los indirectos: el IGIC que paga Antona cuando compra una barra de pan es exactamente el mismo que paga un indigente. Por eso se dice que los impuestos indirectos son siempre más injustos que los directos, porque tanto el rico, como el de clase media y el pobre pagan exactamente lo mismo cuando compran un mismo producto o servicio. Puede parecer un asunto de menor enjundia, pero no lo es: con un tipo del siete por ciento Canarias recauda más por el IGIC que lo que recauda por el 50 por ciento de lo que le toca del IRPF. Eso significa que no son los que más ganan los que más aportan al sostenimiento de la administración regional. Una injusticia que se reduciría bajando el IGIC.

Pero hay más lecturas, aparte de ésta que le da la razón al señor Antona: una es que los impuestos sirven para hacer cosas, por ejemplo, para que se produzcan los incrementos de este año en Sanidad, Servicios Sociales y Educación. Todos ellos suman algo más de lo que el Gobierno se queda de ese incremento de dos puntos en el IGIC, decretado por Rivero cuando no había para poder pagar las nóminas de los funcionarios. Se trata de los millones que sostienen hoy las mejoras de la Sanidad, la Asistencia Social o la Dependencia… Porque en Canarias no hay una máquina de hacer dinero al servicio del Gobierno. Lo que hay es ciudadanos que tributan a la Administración cuando compran pan o pagan la guagua. Además, una parte del dinero del IGIC -el 58 por ciento- se destina a ayuntamientos y cabildos, que usan ese dinero para sus propias actividades. Si se redujera ahora al cinco por ciento el IGIC, las administraciones de esta región tendrían que reducir plantillas, desatender sus servicios básicos, dejar de pagar la dependencia… Y muchos ayuntamientos y Cabildos resultarían asfixiados.

Pero es verdad que cuando se subió el IGIC, se nos dijo que era una medida provisional, para hacer frente a la reducción de la recaudación que provocó la crisis. Podría bajarse el IGIC ahora, subiendo el IRPF -pagan más los que más tienen- o consiguiendo que el Gobierno de España financie correctamente a Canarias y cumpla el compromiso de invertir por habitante en las Islas lo mismo que se invierte de media en el conjunto de España.

Antona puede aprovechar su creciente reconocimiento por la dirección nacional de su partido como factótum del PP en Canarias, para explicarle a Rajoy que quiere que se paguen menos impuestos indirectos en las Islas, sin que ello impida la prestación de servicios al ciudadano. Y que la forma mejor y más rápida de conseguirlo es que el Estado financie esta región y gaste en sus ciudadanos como hace en cualquier otra parte del Estado.

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