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Ser gilipollas, provocador y acomplejado, es posible. Por Manuel Herrador

SE PUEDE, SÍ. EN NUESTRO ENTORNO SOCIAL EXISTEN EXPERTOS QUE REÚNEN LAS TRES CONDICIONES DESCRITAS EN EL TÍTULO, LO QUE POSIBILITA APRENDER ESTA ACTITUD QUE, CON EL DEBIDO ENTRENAMIENTO, PERMITE ALCANZAR COTAS DE GILIPOLLISMO DIFÍCILES DE SUPERAR

 Conductor gilipollas

Para ser gilipollas, provocador y acomplejado (a partir de ahora usaré la sigla GPA), deberemos conocer y activar el mayor número posible de los siguientes comportamientos y, repito, no es complicado:

– «¡Me llegas a dar y te mato, cornudo!».

Un peatón GPA, al ir a cruzar un paso de cebra, se tirará sin mirar a la carretera provocando que el conductor que ya estaba casi sobre el paso peatonal tenga que pegar un frenazo; la acción se culminará profiriendo algún improperio al conductor que frenó.

– «¡Respeta a los peatones, coño, que ya no se puede ir tranquilo ni por las aceras, tonto el haba!».

Un GPA tiene que insultar al ciclista despistado que, por error, se ha salido algunos centímetros de su carril bici. La calle es propiedad exclusiva del GPA.

– «¿Estás ciego o qué, imbécil, no me has visto que estoy parao?».

El conductor GPA saca la parte delantera de su coche varios metros por fuera de la línea que marca un ‘ceda el paso’ o un ‘stop’, para que el que venga con preferencia se joda y tenga que frenar bruscamente.

– «¡A ver si vamos con un poquito más de cuidado, campeón!».

El GPA, cuando va por la calle, si se roza o golpea sin querer con alguien, tiene que continuar caminando sin mirarlo y, por supuesto, sin disculparse. Su ruta es invariable y la culpa es de los otros, por cruzarse en su camino.

– «¿Qué te pica, quieres una foto mía, o qué?».

El GPA tiene derecho a mirar fijamente a la cara a cualquiera que se cruce con él, y los demás deberán evitar mirarle porque si lo hacen, el GPA podrá iniciar una disputa, para defenderse de tal provocación.

– «¡Limpia la mierda de tu perro, que es tuya, guarro!».

Los GPA se paran en medio de la calle y observan amenazantes a los dueños de los perros para comprobar que recogen las cacas de sus mascotas porque, si tardan en recogerlas, tienen derecho a insultarles de manera ostensible y humillante.

– «¡Uuhh!».

Un verdadero GPA puede cruzarse con otros vecinos en el portal o en el ascensor de su casa y debe evitar el saludo, incluso si el vecino diera los ‘buenos días’, el GPA deberá seguir su paso sin contestar, para no rebajarse o, como mucho, emitir un sonido ininteligible sin apenas abrir los labios.

– «¡Cuidado, viene un listo!».

Un buen GPA, cuando escucha a alguien hablar con un acento diferente al suyo, sonríe, mira de reojo a su grupo de amigos y, disimulando, espeta cualquier frase lapidaria cargada de humor.

– «¡Pues anda que no hay cosas más importantes en las que gastarse las cuatro perras que tiene uno!».

Ser GPA es económico, porque se viaja poco y se lee menos.

– «¡Estos del PSOE son unos calzonazos, mira que apoyar al PP!».

El GPA, cuando anda de bares, grita sentencias reflexivas de su propia cosecha, o mezcladas con algo que ha oído en las noticias, para ofender y provocar a algún cliente que allí se encuentre.

– «¡Ahí viene el puto listo, pues se va a joder que por aquí no pasa!».

Un conductor GPA, si observa por el retrovisor que se acerca un motorista o un ciclista, debe maniobrar inmediatamente hacia el lado que más pueda impedir el paso de aquellos.

– «¡A ver dónde coño voy a descargar la compra, sigan, sigan pitando, sigan!».

El GPA, aunque pare el coche en medio de la calle y entorpezca la circulación de todos los vehículos que tiene tras él, jamás agradecerá o pedirá disculpas a los demás conductores al reiniciar la marcha.

– «¡Apártate espabilado, dónde te han regalado el carné!».

Cuando un GPA quiere adelantar, acercará su coche a la parte trasera del vehículo delantero, a escasos centímetros, como si fuera a echarle el coche encima.

– «¡Que se vaya para España, a qué coño viene aquí este tío!».

El GPA deberá burlarse y ridiculizar a cualquiera que se ponga a su lado portando una pulsera, un pin o un adorno con alguna bandera nacional. Las que más le enervan son las de España. Si el GPA está con amigos, deberá avisarles con bastante sorna que acaba de entrar un «facha de mierda».

– «¡Qué asco de ciudad y de gente, estoy hasta los cojones, siempre me tocan a mí todos los inútiles!».

Un GPA se levanta de muy mal humor y lo va demostrando en el recorrido al trabajo con varias discusiones de tráfico, con una discusión política mientras desayuna el bar de siempre e, incluso, jactándose de su mala leche frente a sus compañeros de trabajo.

– «¡Te lo digo yo, créeme, hazme caso, que de esto sé un huevo!».

El GPA, dentro de un grupo de amigos, es el único que tiene derecho y conocimiento para definir quién es el mejor político, el mejor deportista o el mejor sistema económico. Sobre sexo y religión también puede sentar cátedra.

«¡Cuando salgo de mi casa solo como mierda, tío, no tienen ni puta idea de cocinar!».

El GPA tiene la condición de haber nacido en un lugar en el que sus paisajes son los mejores del mundo, su pueblo es el más pintoresco y coqueto, su comida es la más sabrosa y sus playas son incomparables.

– «¡Que te dicho que no, coño, y punto!».

El GPA, llamará la atención -a un familiar o a un amigo- siempre en público, vociferando, para humillar aún más si cabe al reprendido.

– «¡Pero qué dices, si no habíamos apostado nada, aquello era una broma, hombre!».

Un GPA nunca paga una apuesta perdida. Él, no pierde jamás.

– «¡Qué bueno, JAJAJAJAJA, qué gracioso, el mejor chiste, JAJAJAJAJA, que he escuchado nunca, JAJAJAJAJA!».

El GPA, dada su alta capacidad de comprensión e intuición, cuando escucha un chiste aunque sea malo o ya lo conozca- se ríe más que nadie, más fuerte que ninguno de sus compañeros. Es el más listo.

– «¡Qué pasa, ¿te molesto?, no te jode, qué delicadito ha salido el colega, no me amargues la película, tronco!».

En el cine, un GPA puede poner los pies en el respaldo del asiento delantero, casi rozando la cabeza de quien lo ocupa y, si se le ocurriera protestar, ya tiene razones para iniciar una discusión a voces.

– «¡Pues te esperas que yo pase, no ves la correa y el perro, o qué!».

Si el GPA tiene perro, puede sacarlo a pasear con los 20 metros de cuerda que trae la cadena fuera del carrete, atravesando toda la acera. Él, tiene preferencia.

– «¡Lo que faltaba, que no podamos jugar un partidito, la playa es de todos, a ver si te enteras!».

En la playa, un GPA puede saltarse la prohibición de jugar a la pelota y molestar todo lo que quiera, dar balonazos, manchar de arena a la gente o gritar gol para que se entere toda la comarca.

– «¡Cómo es posible que hayan votado al ladrón ese, vamos no me jodas, con gente masoquista como ustedes así nos va!».

Respecto a las redes sociales, un GPA muestra su desacuerdo acerca de un comentario ajeno mediante el insulto y la descalificación hacia los demás usuarios. Él, es el que más sabe de todo.

 

Amigo lector, si te has identificado con varias de estas conductas, no con más de cuatro o cinco, tranquilo, no te preocupes, todos tenemos malos momentos y malas rachas. Eres una persona normal.

Si, por el contrario, la mayoría de estas actitudes coinciden con tu rutina diaria y habitual, entonces, ¡preocúpate y cambia, gilipollas!

 

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