FIRMAS Francisco Pomares

A babor. Asuntos internos. Por Francisco Pomares

O lo han escondido mucho, o no hay ni un duro de más para la «guanchancha» en los presupuestos. Tiene uno la sensación de que los viejos sueños paulinos de poner en marcha una policía que le rindiera honores a él y a la peineta, se han quedado definitivamente en el tintero, por falta de apoyo incluso entre los propios. Después de años de frustrados intentos y con el único apoyo del PP, históricamente contrario a cualquier despliegue policial regional, los nacionalistas lograron hace ocho años desatascar un proyecto de Policía Canaria, que suponía el cierre exitoso de los dos grandes compromisos identitarios planteados para esta región por los nacionalistas desde el mismo momento de su constitución como partido político.

Parece increíble tener que remontarse tan atrás, pero la creación de nuestra hoy más que menguada policía regional fue una de las dos grandes propuestas de Coalición cuando aquella extraña amalgama de fuerzas políticas herederas de UCD y del Partido Comunista se puso en marcha en 1993. La otra fue la creación de una televisión de aquí, proyecto igualmente considerado en sus orígenes como un despilfarro innecesario, un disparate que sólo serviría a los intereses del Gobierno para el adoctrinamiento masivo de los ciudadanos en la canariedad forzosa. Lo cierto es que la brutal resistencia a la tele, ejercida por los medios de comunicación y los responsables políticos no nacionalistas -el PP llegó incluso a impugnar legalmente la creación del canal canario, algo que no hizo en ninguna otra región- acabó por disiparse a los pocos meses de iniciar la tele su programación. Por supuesto que la tele canaria sigue recibiendo críticas pero nadie cuestiona ya que Canarias tenga su frecuencia pública, ni siquiera Román Rodríguez. Más bien se cuestiona si es rentable lo que nos cuesta y si sirve para el teórico objetivo -unir a los canarios- para el que fue concebida. El nacionalismo -que gobierna la televisión desde su creación- no nos sorbió el coco a través del tubo catódico, como se temía. De hecho, las cuatro quintas partes de los canarios que votan no lo hacen a Coalición. Ninguna de las graves catástrofes previstas por el arranque de la «teleplátano» se llegó a materializar, más allá del uso torticero y amiguil que Willy y dos piedras dio a los dineros de la casa.

Lo lógico habría sido que algo parecido hubiera ocurrido en cuanto comenzó el despliegue de la Policía Canaria: los primeros efectivos salieron de donde han salido en todas partes, de la Policía Local, del cuerpo superior de Policía Nacional, de la Guardia Civil, e incluso se incorporó inicialmente algún que otro militar de graduación media. Pero la Policía Canaria asumió solo parte de las competencias que le correspondían, sufrió varias fugas, conflictos internos y hasta algún intento de desmantelamiento, y nunca logró seducir a los canarios como sí lo hicieron «En clave de Ja», la cobertura de las inclemencias y trastornos atmosféricos o las retransmisiones de los derbys futboleros.

Algo ocurre con esta Policía para que ni siquiera quienes se empeñaron en crearla -los nacionalistas- parezcan interesados en potenciarla. En fin: quizá haya llegado el momento de empezar a plantearse si sirve de algo una policía que no sirve de nada. Porque no hay mal que cien años dure. Ni cuerpo -ni siquiera cuerpo policial- que lo resista

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