FIRMAS Salvador García

Juan Carlos Alemán, en los vericuetos. Por Salvador García Llanos

Todas las hojas son marrones

y el cielo está gris…

(De Califonia dreamin, John y Michelle Phillips)

En este otoño tan lleno de contrastes del cambio climático, se nos ha ido Juan Carlos Alemán Santana, amigo y compañero, maestro de profesión, político, responsable de la dirección de los socialistas de Tenerife y de Canarias durante muchos años.
En este paisaje estacional, voluble, incierto y entristecido, el vacío de Alemán (‘Peloblanco’, como era reconocido en la jerga) lo acentúa. Se acabaron las infusiones matinales con las que iniciar la jornada y las conversaciones telefónicas para valorar el tráfago político. La persona fue siempre sensible, preocupada ante los problemas de los demás; el político tuvo siempre una predisposición a gestionar con generosidad. Eso le valió para no verse desbordado, para invertir las situaciones, por muy adversas que fuesen.
Su trayectoria es la de un hombre bregado. Desde los tiempos en la facultad de Derecho, se palpaban las inquietudes de quien pensaba en las libertades y en la democracia por venir. Fueron tiempos de ilusión, de sueños, de reivindicaciones, de temores y de lucha. En Garachico, frente al Roque, labró sus primeras ocupaciones institucionales: después de unos años de caminos divergentes (“yo te escuchaba en la radio, y eso que no me gustaba el fútbol”, una de las múltiples revelaciones), emprendimos las rutas del municipalismo.
Dio el salto al Cabildo Insular y lució como consejero inquieto y tenaz en la oposición. Pronto estuvo imbuido de las aspiraciones insulares y ello le valió para desenvolverse en la secretaría general de la Agrupación Insular de Tenerife del PSC-PSOE. No fue un dirigente orgánico cualquiera: es más, era lo que de verdad le gustaba, desde el punto de vista político. Se ganó el respeto de la militancia tras propiciar amplios debates en convocatorias periódicas del Comité Insular, máximo órgano entre congresos, y después de visitar regularmente las agrupaciones locales donde solía transmitir mensajes realistas y motivadores.
Supo amalgamar equipos y rodearse de leales colaboradores en los comités de campaña. Esa experiencia le valió para desempeñar años más tarde la secretaría general de la Comisión Ejecutiva Regional. Alemán no se dejó inocular por el virus del insularismo. Su visión regionalista la siguió forjando desde su talante comprensivo, solidario y aglutinador. Lo acreditó en el Parlamento de Canarias, donde se opuso a Román Rodríguez para presentar una censura y donde volvió a encontrarse con Adán Martín (antes, presidente del Cabildo tinerfeño), con el que terminó estrechando relaciones amistosas, más allá de la mera gestión política.
Fue candidato a la presidencia del Gobierno autonómico. Y también portavoz parlamentario. Y miembro de la Mesa de la cámara. Completó su trayectoria con una labor específica, silenciosa y eficaz en la Audiencia de Cuentas, donde siguió dando muestras de su seriedad y de querer responder con las funciones encomendadas, alejadas ya del trajín cotidiano de la política.
Pero siguió utilizando el móvil, intercambiando información y ofreciendo consejos de político experimentado a quien quería escucharle. Estuvo en esos vericuetos de la estrategia y la transacción política, por los que fluía con solvencia. Ni las peculiares complejidades del mundo de la comunicación en estas islas le arrugaron.
Pero este paisaje, tan singular, tan surrealista en lo social y en lo político, ya no tiene a Alemán. Ya no nos contará las peripecias de algún viaje ni sus últimas compras de avances tecnológicos ni sus apreciaciones en las redes sociales, muchas de ellas cargadas de respetuosa ironía. Los Phillips hicieron que, a principios de los años sesenta, el grupo The Mamas and The Papas, cantara el sueño californiano con las hojas de color café y un cielo ceniciento. Es como nos encontramos ahora con esta pérdida tan sensible. Mas Juan Carlos Alemán tiene un sitio sobresaliente en la historia democrática del socialismo canario. Se lo ganó a pulso. Con dedicación, habilidades, talante y ánimo constructivo. 

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