FIRMAS

El bar de Pepe. La vida sigue igual. Por Joaquín Hernández

El encabezado de esta columna de opinión podría inducir a error al querido lector, no me refiero a la famosa canción del más universal de nuestros cantantes, me refiero a la victoria de Donald Trump en EE.UU.

Ayer aposté por la victoria de Trump en las elecciones de la nación más poderosa del mundo. Aposté y gané contra las opiniones de todos, derechas o izquierdas. La verdad es que lo hice al estilo de mi barrio, o sea, lanzando una moneda al aire y pidiendo cruz.

Los catastrofistas que agoraban malos tiempos si ganaba la candidatura republicana se han quedado con dos palmos de narices. Si tenemos que hacer un símil de la campaña del republicano Trump, la podríamos catalogar de lo que aquí en España llaman «populismo»

El «populismo» de Donald Trump ha calado en el sentimiento de los norteamericanos y ha empezado hacer tambalear el «sueño americano» tal y cual lo conocíamos hasta ahora. Los yanquis están quemados de promesas incumplidas, de sueños rotos y ver como aumenta la pobreza, la miseria sobre más de 50 millones de personas, la mayoría hispano parlantes y afro americanos que no tienen por no tener ni siquiera, nunca mejor dicho, donde caerse muertos. Claro que en un país donde el pueblo está más pendiente de hacer un plan de ahorro para los estudios de sus hijos y pagar un sanidad privada a la carta porque los gastos militares superan en mucho a todos los demás países, siendo casi cinco veces mayores que los de China, el segundo país del mundo con mayor presupuesto militar. En 2014 el presupuesto militar de EE.UU. se elevó a 581.000 millones de dólares, más que China, Rusia, Arabia Saudita, Reino Unido, Francia, Alemania, Japón, La India e Israel juntos.

Las desigualdades sociales en el país de los rascacielos son de tal magnitud que existen estados de la Unión donde la pobreza y miseria baten record históricos, por ejemplo: Richmond, en el estado de Virginia; Birmingham en Alabama; Brownsvilles en Texas; Augusta, en Georgia; Jackson, en el estado de Misissippi; Nueva Orleans, en Luisiana; Memphis en Tennesse; Cleveland en Ohio; Atlanta en Georgia; y Detroit en el estado de Michigan donde posee el mayor ratio de pobreza tanto en niños como en adultos, además esta ciudad posee el mayor porcentaje de desempleo y crímenes violentos.

Trump ha ganado porque el pueblo de los EE.UU. estaba cansado de promesas incumplidas de políticos correctos con políticas «correctas», ahora han votado a un político incorrecto que necesariamente hará políticas correctas.

El cinismo y la hipocresía está servido y todos los colores, rojo y azul, verde o naranja, auguran malos tiempos, de momento las bolsas de todo el mundo están a la baja, la Otan se reúne urgentemente ante una posible salida de USA de su organización militar y el teléfono rojo parece empezar a funcionar.

Lo que parece obviar todo el mundo es que Donald Trump es un «mandao», quiero decir que el nuevo y flamante presidente de los norteamericanos, de los «policías del universo» no es otra cosa que un títere colgado de unos hilos que manejan otros.

Los «otros» son los que dominan el mundo, los que ordenan las guerras y países donde enviar a los 7 jinetes del apocalipsis, quieren que todo continúe igual. Nada cambiará para mejorar ni para empeorar. Ningún país saldrá de la OTAN, las bolsas de todo el mundo volverán a subir y los pobres serán más pobres y los ricos muchísimo más ricos. El desequilibrio seguirá igual; el 10% de la población mundial seguirá siendo dueño del 90% de la riqueza del planeta tierra y el otro 90% se conformará con tener el resto, el 10%.

Donald Trump seguirá con su peluquín al aire y a partir del 9 de enero de 2017 habitará la casa blanca, pero en el despacho oval seguirán mandando los de siempre… los «otros». La vida sigue y seguirá igual.

 

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