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El bar de Pepe. Rajoy gana. Por Joaquín Hernández

Dice la historia que cuando Hitler quiso que España entrase en la 2ª Guerra Mundial y atravesar con la wehrtmacht la península ibérica para atacar el Peñón de Gibraltar, tuvo una reunión con Franco en la estación de trenes de Hendaya.

Los dos dictadores tenían el mismo pensamiento político, la única diferencia es que uno había nacido en Braunau am Imm una pequeña ciudad fronteriza austriaca y el otro en el Ferrol, un pequeño pueblo gallego. Una pequeña y gran diferencia porque cuando un gallego ejerce como tal, date por muerto.

El caso es que el Caudillo de los españoles por la «Gracia de Dios» llego dos horas más tarde del horario convenido por los ministros de exteriores de ambos países, el cabreo de Adolf Hitler se pone de manifiesto en los documentales de la época donde se ve al genocida dando paseos por el andén con evidentes muestras de enfado.

Al llegar el tren que conducía a Franco el cual lucía una sonrisa de labio a labio y saludando con el saludo fascista pasó revista a la compañía de las SS que rendía honores al dictador español. Al termino de la reunión, cuyos resultados es sabido por todos, Hitler comentó a su sequito «prefiero sacarme un par de muelas sin anestesia antes de volver hablar con este hombre».

Rajoy sabe esperar y manejar el tiempo, eso no cabe la menor duda, conoce mejor a los españoles que nosotros mismos nos creemos conocer, parece descendiente por línea directa del Caudillo y como al que el suyo se parece honra merece ahí tendremos otros cuatro años mínimo a Mariano Rajoy como presidente de los españoles, nos guste o no.

Otra cosa es que nos preguntemos ¿si después del 20-D estaba totalmente grogui, por qué no acabamos con él? Ahí está la clave, ahí está la gran pregunta.

Observando los acontecimientos, es como si el Partido Popular mantuviera una serie de espías dentro del Psoe, porque tal cual se ha desarrollado la historia del partido socialista en el último año y la actitud de Mariano Rajoy y su equipo da la impresión que contaba que los acontecimientos se iban a producir exactamente igual que han sucedido, es como si tuviera un mago Merlín que dispusiera de la bola mágica y dejará ver al presidente en funciones que su futuro estaría ligado a los españoles otros 4 años más.

Lo que sí ha quedado claro, por enésima vez, es que la izquierda en España es la mejor aliada para que gobierne la derecha, paradójicamente es así. La desunión de los partidos de izquierda es tan sorprendente que ya no sorprende a nadie, porque nadie en su sano juicio podría suponer que un partido creado por el pueblo, progresista, que sus dirigentes se declaran marxistas, comunistas y de izquierda solidaria formaría «pinza», en contra de otro partido de izquierda moderada, con un partido de derecha formado por la chusma más corrupta que hemos podido ver en estos últimos 40 años de dictacracia

Pablo Iglesias, Errejón, Echenique, Bescansa, etc. llevaran en su conciencia la culpa directa de haber propiciado otros cuatro años de sufrimiento, otros cuatro años de temer cada semana que llegue el viernes negro del consejo de ministros para oír cómo se nos recortan nuestros derechos constitucionales, y por supuesto fundamentales.

Mariano Rajoy sabía muy bien lo que iba a ocurrir, nada ha sucedido por el azar, todo estaba meditado, pensado y consensuado con su equipo, tanto es así que no quiso presentarse a la investidura en las primeras elecciones y dejo pasar el tiempo para que moviese ficha Pedro Sánchez a sabiendas que, aun teniendo el apoyo de Ciudadanos, fracasaría en su intento de gobernar España. Rajoy necesitaba tiempo, necesitaba esperar los resultados de las elecciones gallegas y vascas y aguantar al límite apelando a la cordura de los barones del Psoe para no entrar en la dinámica de unas terceras elecciones que supondría el fracaso de la política española. La desmedida ambición de la presidenta andaluza, Susana Díaz, por conseguir la secretaría general del partido socialista y proclamarse candidata a ser la próxima inquilina de la Moncloa hizo, con el apoyo de los viejos y acomodados diplodocus «socialistos», el resto.

Ahora todos contentos, Mariano y sus secuaces, Pablo y su cuadrilla de ineptos, Albert Ribera dejará de esconderse en el ascensor subiendo y bajando y saldrá de nuevo a la palestra de los buenos y como el mago Andreu se llenará de medallas todo el pecho para ir diciendo a los cuatro vientos que él es el único hombre que salvó a la «patria» del «descalabro de unas nuevas elecciones» (siendo consciente que el descalabrado hubiera sido Cs), donde Susana Díaz vestida de abeja Maya cantando: En un país multicolor nació una niña bajo el sol y fue famosa en el lugar por su alegría y su bondad y a la pequeña le llamaron Susanita, la pequeña y dulce Susanita que juega en un mundo sin igual…

Es necesario sin prisa pero sin pausa que salga de las cenizas, de donde sea, un nuevo partido que aúna todos los más de 18 millones de españoles que dijimos NO a las políticas económicas del absurdo y que nos han llevado a la puñetera miseria, una persona que sea capaz de liderar un proyecto de futuro ilusionante. No es descabellado pensar en una importante escisión dentro del seno del Psoe que conlleve a fundar un nuevo partido de personas comprometidas con la esencia del socialismo que creó, hace más de un siglo, Pablo Iglesias Posse. «Los socialistas no mueren: los socialistas se siembran».

 

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