FIRMAS

¡Vaya par de…huevos! Por Manuel Herrador

SIN OPCIÓN A ERROR, CON PLENO CONOCIMIENTO DE CAUSA, DESDE LAS MÁS COMPLETA EXPERIENCIA VIVIDA, CON LA SUBJETIVIDAD QUE LA ADMIRACIÓN CONLLEVA PERO CON LA OBJETIVIDAD INAPELABLE QUE PROPORCIONA EL RESULTADO FINAL, PUEDO ASEGURAR QUE LA COMPAÑÍA DE TEATRO DE POCHOLA PÉREZ-ANDREU… ¡TIENE UN PAR DE HUEVOS!

Vaya par de gemelas

Cuando una actriz de la talla y de la exitosa trayectoria profesional de Pochola Pérez-Andreu te llama por teléfono y te propone que formes parte de su compañía para incorporarte a un proyecto teatral configurado por medio centenar de personas –entre actores, técnicos, bailarines y colaboradores directos- pretendiendo volver a poner en los escenarios un clásico del humor, la obra ¡Vaya par de gemelas! que protagonizó hace treinta y cinco años la inolvidable artista Lina Morgan, entonces, en ese momento, aún no eres consciente de todo lo que se te viene encima, si es que se te ocurre decirle que sí, que aceptas el reto.

Yo le dije que sí, pensando desde mi más profunda ignorancia actoral que el recorrido hasta el estreno de la obra añadiría tan solo un pequeño esfuerzo adicional a mis quehaceres diarios. ¡Bendito error cometí! ¡Nada más lejos de la realidad! El balance ha arrojado un resultado muy alejado de mis primeras elucubraciones. Comenzaron los ensayos diarios, los ejercicios de memorización, los movimientos escénicos, la correcta proyección de la voz, la evolución gestual, la dinámica de diálogos, el equilibrio corporal, la interrelación entre los personajes y la complicada armonización de la conjunción de todos estos elementos dispuestos sobre el escenario.

Al poco tiempo, empecé a comprobar que había entrado a formar parte de un equipo especial de personas buenas, de buena gente, de grandes compañeros y, además, de inmejorables maestros y formadores. Pochola, la líder, la jefa, la matriarca, desde el minuto uno supo inyectarnos a cada miembro las dosis necesarias de compromiso, rigor y esfuerzo que todo gran reto siempre exige. Pochola lo ha conseguido, tras un año de ajustes, cambios, repasos, risas, llantos, repeticiones, cansancios, ilusiones, mosqueos, bromas, selfis, ibuprofenos, cafés, cervezas e innumerables retrasos por no encontrar aparcamiento para el coche cerca del local de ensayo en el Círculo de Amistad XII de Enero, en pleno centro de Santa Cruz de Tenerife, lo ha conseguido.

Las cuatro funciones ofrecidas al público tinerfeño en su sala insignia –el Teatro Guimerá– han sido un completo éxito. Pero la información sobre el propio espectáculo ya ha sido ofrecida profusamente por los medios de comunicación de la provincia y, respecto a lo que uno siente recibiendo miles de aplausos y risas sobre el escenario, pues también es posible imaginar lo sublime del momento. De eso, no procede ahora hablar. Aquí, en este espacio quiero contarles otra cosa, lo que ustedes -los lectores- no ven, lo que ustedes -los espectadores- no saben, lo que ustedes –compañeros- aún no les he dicho.

Lo que he percibido este último año del equipo teatral del que me honra formar parte, tiene que ver mucho más con las relaciones humanas que con los métodos de interpretación. Lo que ha quedado colgado indeleble en mi corazón han sido emociones y sentimientos, gratitudes y afectos, agradecimientos y momentos. Los responsables son mucho más que compañeros, ya son amigos, cómplices inexcusables.

Mónica (Jacinta y Brigitte), has sido la profesora educada y elegante, paciente y comprensiva, desprendida y generosa que cualquier alumno becario desea.

Ángelo (Moncho), tú has marcado la metodología, el mapa guía, el rigor experto y la cualificación que motiva al aprendiz.

Alicia (Calixta), me has aportado la medida justa de seguridad y confianza, de conocimiento y empuje que permite superar los momentos de incertidumbre profesional.

Oliver (Antolín), gracias a tu complicidad, a tu iniciativa, a tu originalidad y a tu naturalidad cómica, has potenciado mis aptitudes.

Pedro (Santiago), tus sabias órdenes y tus cualificados consejos han ordenado mis desorientados impulsos, han equilibrado mis desbocados deseos, han dirigido mis ocultos anhelos.

Y tú, Pochola (Susana y Virginia), con un par de huevos has sido la bellísima culpable de todo esto, la magnífica responsable de que yo haya tocado el cielo teatral, tan deseado por tantos pero alcanzado por tan pocos; te lo debo a ti y así lo he dejado firmado con las mil lágrimas de emoción y agradecimiento que, al caer, ha recogido el negro suelo de madera del escenario del Guimerá y que he lacrado con el millón de aplausos que, aún en la noche, retumban en mis sueños frente a tu cálida imagen de buena mujer, de mejor compañera y de genial actriz.

Gracias Luis, Pilar, Bruno, Joel, Jonatan, Lirio, Javi, Mabel, David y Bohemios. A todos, gracias por tanto conocimiento, por todo lo que me han enseñado, por fortalecer lo más bello de la relación humana: la buena amistad.

                                                                              

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