FIRMAS Salvador García

Marrones, no; lo siguiente. Por Salvador García Llanos

La pelota de la gobernabilidad salta maltrecha sin saber en qué tejado se quedará. A las dificultades de concertación, ya proverbiales desde diciembre, se suman los efectos colaterales de la corrupción política. La decisión del Tribunal Supremo de investigar a la ex alcaldesa de Valencia, la senadora Rita Barberá, tal como están las cosas, es un disparo a la línea de flotación de un partido y de un candidato que vislumbran horizontes insostenibles y necesitan del oxígeno de una renuncia para intentar que la pelota siga teniendo esperanzas en la azotea.

Pero, claro, ahí tienen al socio, al secretario general de Ciudadanos, Albert Rivera, que ha hecho de la regeneración política y de la exigencia de acabar con tantos manejos al margen de la legalidad, dos círculos concéntricos de su discurso. Rivera, que ha afeado tantas conductas -aunque empiece a transigir con algunos hechos- no tardó ayer tarde en exigir la renuncia de Barberá si quería el PP seguir contando con su apoyo en busca de la gobernabilidad imposible a la espera de lo que llueva en Galicia y Euzkadi.

El apremio es tal que a lo largo del día se esperan noticias. El Partido Popular, aun confiado en la transigencia y en la fidelidad de sus votantes, es consciente de que la resistencia tiene un límite y que tras la mala administración del Gobierno del ‘caso Soria’ vienen más pleitos judiciales, teóricamente un desgaste que otras formaciones políticas no hubieran resistido.

Estos no son marrones. Lo siguiente.

Y la pelota aquella, salta que brinca.

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