FIRMAS Juan Velarde

Volantazo de Carolina Marín para alzarse con el oro en los Juegos Olímpicos. Por Juan Velarde

Campeona precoz, una humilde y sencilla joven onubense, Carolina Marín, ha vuelto a ponerse el mundo por montera al alzarse con la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Esta excelsa jugadora de bádminton recordará sin duda alguna el 19 de agosto de 2016 como una de las fechas más dichosas de su hasta ahora corta, pero intensa, trayectoria deportiva. A los dos mundiales ganados, ahora hay que meter en el saco nada más y nada menos que una presea olímpica.

Marín, cierto es, partía como una de las opciones más sólidas del deporte español para hacerse no sólo con un metal, sino directamente con el oro. Ella misma siempre tuvo en mente que el color dorado era su objetivo y que había viajado hasta Río de Janeiro para conquistar el mismo. El camino hasta la final no resultó demasiado complicado e incluso tuvo la suerte de que su rival en semifinales acabase lesionada y eso le diese un plus a la hora de poder preparar la final.

Y desde luego la finalísima no fue para nada un paseo. Le esperaba la india Pusarla, una jugadora que, a pesar de no estar al mismo nivel que las chinas o las japonesas, ya le había dado alguna que otra tarde de amargura a la nuestra por lo que cualquier confianza quedaba fuera de todo lugar. Sin embargo, el primer set, a pesar del dominio de Marín, acabó cayendo del lado de la contrincante española y todo se ponía muy cuesta arriba para nuestros intereses.

Pero si en algo ha destacado nuestra Carolina Marín es en la mentalidad a prueba de bombas que ha demostrado. Su cara aniñada puede llevar a engaño porque cada vez que las cosas se le ponen difíciles, la de Huelva le pone todas las ganas del mundo en revertir la situación y rápidamente, en el segundo set, le dejó claras las cosas a Pusarla, la medalla de oro iba a viajar para España.

Y así fue, en el tercer set, a partir de la segunda mitad de éste, Marín puso tierra de por medio y tuvo un final bastante placentero, aunque aprendida la lección de la primera manga, nuestra Carolina no quiso ponerle más picante al asunto y acabó por sentenciar cómodamente a una Pusarla que, desde luego, fue una más que digna rival y que estará ahí en los próximos años para hacer mucho más excelente a nuestra campeona de bádminton. Porque las grandes lo son aún más gracias a sus rivales. ¡Enhorabuena Carolina!

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