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Uno de los nuestros. Por Eduardo García Rojas

Me mezclo en un grupo de gente con vistosos disfraces. No están alegres, la tristeza se refleja en sus caras.

Observo como las lágrimas resbalan por las mejillas de una atractiva rubia, demasiado nórdica para que la blancura de su piel soporte los rayos solares que caen en estas islas del sur…

Me atrevo a preguntar a un tipo con toga y lira entre las manos ¿por qué lloran? y sin apenas mirarme, rasga el instrumento y canta con voz desafinada que ha muerto Víctor…

¿Qué Víctor?

– El que ahora mora en Thule – responde con los ojos anegados en lágrimas.

Entonces me doy cuenta. 

Se fue Víctor Mora.

Recuerdo más allá de El capitán Trueno y Jabato, su Corsario de Hierro… aquellas historietas de piratas que me acompañaron durante unos años donde todavia el mundo era mundo.

Con Víctor Mora muere uno de los más importantes autores de la cultura popular en España. Un escritor que creó series y entretuvo a generaciones de niños, jóvenes y adultos que hoy han amanecido un poco más huérfanos. 

El responsable de tantas horas felices y perdidas deja detrás a sus personajes, el sheriff King, Roldán sin miedo, Dani Futuro, solos y desamparados y casi parecen que demasiado adultos, sin ganas de pelea y sin amigos con los que enfrentarse a formidable enemigos.

Pero esto solo lo saben los que están enrolados en la tripulación de un barco pirata que navega por el mar de los Sargazos. 

Aquellos que son un corsario más de Hierro.

Se lo debo, se lo debemos, a Víctor Mora.

(*) El corsario de Hierro rodeado de sus amigos en una viñeta del irrepetible Ambrós

Saludos, hasta la próxima, desde este lado del ordenador.

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