FIRMAS

De la Isleta al Refugio… en telecabina. Por Míchel Jorge Millares

Proyecto de teleférico y construcciones en Maspalomas.

Hace 55 años se inscribieron 181 equipos de todos los continentes para participar en el primer gran concurso internacional de ideas convocado desde Canarias: Maspalomas Costa Canaria. El análisis del contenido de los trabajos que lograron premio o accésit nos demuestra que la mayoría contemplaban construcciones en lo que hoy es las dunas y playa del Inglés; un teleférico sobre el campo dunar; y convertir la charca en un muelle deportivo, y… y… Ideas peregrinas que sorprendentemente fueron apuestas de equipos de arquitectos, urbanistas e ingenieros de primera línea en el mundo que soñaron con transformar una joya natural. Y eso que los criterios del concurso rechazaban tales aventuras:

Respetar las dunas, Oasis, paisajes del fondo y playas sin utilizar masivamente el delta.
-Creación de un complejo turístico y no de una ciudad.
-Composición general de calidad y no de cantidad.
-Creación de un Centro de atracción turística y recreo situado en la zona Oeste del Oasis y cercano al mismo (entre Meloneras y Santa Águeda).
-Etc…

O sea, que ni teleférico, ni construcciones en las dunas ni en la charca.

Luis Ibarra (Autoridad Portuaria), Augusto Hidalgo y Rafael Cabrera.

Hablando de teleféricos, Rafael Cabrera, padre del olímpico Rafael Cabrera, no desiste de su proyecto (que se pagaría por inversores privados) de telecabina para acceder desde Tejeda hasta las proximidades de la base del Nublo. Pero el Cabildo Insular ha frenado la inversión privada sin apenas debate de los pros y contras: es un espacio protegido y eso es suficiente para rechazar la inversión privada. Aunque recordemos que hay ejemplos de todo lo contrario, como Tindaya que es espacio natural protegido y bien de interés cultural pero las leyes están para adaptarlas a las decisiones políticas…

Volviendo a Rafael Cabrera, éste ‘desinquieto’ tejedense considera que el mismo impacto económico y social que pudo suponer su proyecto en la cumbre podría tenerlo un teleférico que uniera el muelle de Santa Catalina con la cima de El Vigía, donde se construiría un mirador, lo que facilitaría conocer la ciudad desde la perspectiva de Las Isletas.

El mismo día en que la prensa publica la idea, leo en los medios digitales algunos proyectos ‘futuristas’ de movilidad urbana en ciudades como Chicago, donde proyectos de funicular, transbordador, telecabina, telesilla y teleférico se consideran propuestas de futuro para solucionar la congestión de tráfico en la ciudad, cuestión a abordar en nuestro machacado istmo. Esta alternativa tiene a su favor varias cuestiones: Son instalaciones que apenas ocupan terreno, son eficientes energéticamente, no emiten gases o ruidos, evitan la circulación y paso de personas entre los dos puntos unidos, permiten el control de visitantes y el impacto visual del cable es nulo desde kilómetro y medio de distancia. Se trata de una línea de 2,7 kilómetros, 18 cabinas o góndolas y una inversión de 10,5 millones de euros que aportarían los promotores privados. En contra, hay quienes consideran que es una infraestructura que ocupa un espacio público para disfrute de todos.

Stephen Hawkins en el Teide.

También recuerdo la imagen de Stephen Hawkings en el teleférico del Teide, ya que sin ese transporte probablemente el científico y todas aquellas personas con movilidad reducida no podrían disfrutar de ésas vistas. También estaría el funicular del Tibidabo o el teleférico de Montjuic, aunque en casi todos los casos no podemos hablar de futuro, sino de pasado, ya que son instalaciones medio centenarias que logran una rentabilidad que permite su mantenimiento.

En este caso, además, nos encontramos con una propuesta de medio de transporte de personas (lo de turistas es una posibilidad) con afán de descubrir una belleza, una panorámica, una zona militar que se abre a la ciudadanía (un poquito). Y yo me planteo ante tal iniciativa varias cuestiones: ¿Empeorará la imagen de la zona? ¿Generará beneficios económicos al Ayuntamiento? ¿Impulsará la economía y el comercio de la zona? ¿Tiene un uso didáctico y de valoración del entorno y la historia? ¿Servirá para recuperar para la ciudadanía un privilegiado suelo? ¿Congestionará más la zona? ¿Tiene más impacto visual que una sola de las grúas, las plataformas petroleras o las antenas de telefonía del puerto? ¿Su puesta en funcionamiento estimulará la mejora de la imagen del barrio isletero y la estima de sus habitantes? ¿Se puede ampliar la línea y ser una alternativa al vehículo privado para conectar la ciudad y el puerto?

Todas estas interrogantes no hablan de turismo, sino de futurismo, de cómo solucionar el tapón de tráfico en que se ha convertido la conexión entre el puerto y Las Palmas (como antes llamábamos a las dos zonas de la capital). Un embudo que afecta diariamente a centenares de camiones con contenedores, a miles trabajadores y trabajadoras de las industrias del Sebadal, a los comercios del Puerto y a la zona recreativa de Las Canteras. Pero el caso es que hay un rechazo a los teleféricos en la isla, en un territorio en el que los barrancos y las montañas se cubren de asfalto para zigzaguear por las laderas y dejan ése impacto permanente sobre el territorio. Por eso, lejos de plantear esta cuestión como un debate sobre el modelo turístico (que no lo es), estaríamos ante un debate sobre el modelo de transporte en la ciudad.

Yo creo que el rechazo a este proyecto de teleférico tiene algo de rechazo (erróneo) al turismo. Y es que más del 33% de los turistas vienen con ‘Todo Incluido’. Otro 33% o más de los turistas vienen por ‘Total Comodidad’ (sol, piscina –en ocasiones la playa-, comer y beber), otros vienen a jugar al golf u otros deportes, al Pride o a actividades de naturaleza. Y algún extraviado cuyo deseo era visitar las pirámides egipcias se consuela con las momias del Museo Canario. Ése es el retrato robot de nuestros turistas. O sea, que el negocio del turismo se lo quedan los agentes en el país de origen. Pero ¿Ofrecemos algo que pueda interesarles más allá del sol y playa y precios baratos (cada vez menos)?

Teleférico en Río de Janeiro.

En este debate sobre el teleférico nos encontramos con el enfrentamiento entre sacar rentabilidad del turismo o no. No digo que todo lo que se plantee sea bueno. Por ejemplo, defiendo un “Poema del mar” con versos distintos a los del acuario de los Kiessling. Y también denuncio la falta de visión de las instituciones para proteger e impulsar la herencia de los hermanos Martín-Fernández de la Torre, una serie de instalaciones de éxito que serían abandonadas durante décadas (Parador de Tejeda, Casa del Turismo y Pueblo Canario). Original y arraigado legado a la vez que abandonado y desaprovechado.

Y, ya que hablamos de turismo, no estaría mal lograr que algunos extranjeros utilizaran el teleférico o cualquier actividad de empresarios locales lo que podría incrementar el escaso porcentaje del dinero que deja este sector en nuestra isla (¡¡Y gracias…!!)

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