FIRMAS Juan Velarde

Hasel, el rapero podemita, da la nota en Twitter y se chotea de la Audiencia Nacional. Por Juan Velarde

Tendrían que juzgarle doblemente por insultar y por bobo. Sí, el rapero podemita Pablo Hasel debería tener doble ración de pena ya no sólo por ponerse a injuriar a una institución como la Audiencia Nacional, sino además por la tontería que supone hacer eso porque tiene que comparecer ante esa instancia por haber amenazado a través de Twitter la figura del Rey de España y, a la par, ensalzar a la banda terrorista GRAPO.

Hasel tiene el mismo problema con las redes sociales que un borracho con el alcohol, no sabe consumirlas con moderación y, claro está, cuando tu mundo se convierte en la pantalla del ordenador, de la tablet o del smartphone, empieza a haber un problema claro de confusión entre el mundo virtual y el real. Hay quien cree que la vida discurre en unas pulgadas y lo cierto es que hay mucho más allá que lo que puede discurrir o producirse en un dispositivo.

Para Hasel, insultar a todo bicho viviente es algo que le viene de serie. Seguramente en alguna de las tomas que tuvo de pequeño se le fue por mal lugar y ahora paga los efectos. No es normal que alguien utilice su vena artística o sus incursiones por la red para desear la muerte de políticos. A Patxi López, exlehendakari, le deseó en una de sus ‘sesudas’ letras que muriese a bordo de su coche tras una explosión. Supongo que por obra y gracia de algún artefacto explosivo de esa ETA a la que tanto elogia el rapero.

Lo que el cantante, aunque más bien es un pseudocantante, denota cada vez que canta o tuitea es la carencia de neuronas. Porque, fíjense ustedes, sobre este caballerete pesa una posible pena de dos años de cárcel por insultar y encima el elemento se permite el lujo de llamar “nazi y fascista” a la Audiencia Nacional. Esto ya es mearse, pero no dentro de la piscina, sino desde el mismísimo trampolín. O es un desnortado de tomo y lomo o es que tiene una caradura de hormigón.

Esperemos que la Justicia actúe con celeridad y que a este individuo le caiga una buena para que vaya aprendiendo. Eso sí, esperemos que no le llegue el caso al juez Santiago Pedraz, otro sujeto peculiar que suele entender lo de la libertad de expresión aplicando la máxima de la ley del embudo según quien sea el juzgado. Guillermo Zapata, el de los tuits injuriosos, sabe lo beneficioso y ventajoso que es que te toque un Pedraz como magistrado.

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