FIRMAS Juan Velarde

Vomitiva broma sobre Pablo Echenique (Podemos). Por Juan Velarde

Hay cosas en la vida ante las cuales no debería pasársele por la cabeza a nadie hacer ni la más mínima chanza o burla, independientemente de la confianza que se pueda tener con la persona objeto de la supuesta broma. Cuando hablamos de una enfermedad degenerativa que tiene a alguien postrado en una silla de ruedas, no le veo motivo alguno para reírme de esa persona, al mismo tiempo que tampoco puedo entender o tolerar que haya otros que sí lo hagan, incluso en este caso compartiendo una profesión, como es la política, y encima con el agravante de que es miembro del mismo partido.

Me refiero, como ya habrán podido averiguar, a lo que ha pasado con Pablo Echenique, actual secretario de Organización de Podemos, al cual alguno de sus compañeros se refirieron a él en tono jocoso cuando hacían las predicciones sobre el número de escaños al Congreso, Senado y el lugar que ocuparía el partido morado en las elecciones. Como esos vaticinios se colgaron en el grupo de Telegram, alguien al ver unas cifras del estilo de 84-18-2 no tuvo mejor ocurrencia que decir si se trataba del número de actas o de si eran las medidas de Echenique. La ‘broma’ fue de un tal Jorge Lago al que, lejos de afearle el comentario, casi que lo festejaron.

Posiblemente, el tal Jorge Lago desconoce que la enfermedad degenerativa que afecta a su compañero, esa que tanta gracia parece causarle como para hacer un chascarrillo intolerable, puede pasarle a él, a su pareja, a sus hijos porque, señor mío, nadie estamos a salvo de que un día nos despertemos y no podamos ponernos en pie porque, sencillamente, el organismo ha decidido que no da un paso más o nos surge, de repente, una enfermedad que afecte a nuestra neuronas y nos quedemos con la mitad del cuerpo paralizado. A mí no me hace gracia alguna.

Ya es un pecado hacer en privado bromas macabras sobre el estado de salud de alguien, así que imaginen ustedes lo que debe ser ver esos vomitivos comentarios en una red social. Aparte de que son condenables, dejan ver la catadura moral de sus autores.

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