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Julio Iglesias, el eterno bohemio de la carretera

EBFNoticias/Ale Hernández.- Nunca está de más disfrutar de una noche de verano con la banda sonora del recuerdo más dulce de la infancia. Si dicho hilo musical es interpretado por Julio Iglesias, la magia del recuerdo de aquellos maravillosos años se torna en ese romanticismo que jamás morirá mientras perduren talentos como el de nuestro cantante más internacional.

Como toda gran estrella, pero con la humildad de los grandes, Iglesias empezó su concierto universal tinerfeño pasadas las 22:00 horas. Bien es sabido que lo bueno siempre se hace esperar.

Irrumpiendo con paso firme y sonrisa perenne, Iglesias hacía aparición sobre el escenario ante más de 6.000 personas ávidas de bamboleo. Con una eterna interactuación con su público, el cantante mostró sus irrefutables dotes de orador y su pasión por rememorar tiempos pasados, que no tienen porqué haber sido mejores. Haciendo alusión a Elvis Presley, Frank Sinatra y a Nat king Cole, que según Iglesias, «Han sido los mejores cantantes. Julio Iglesias interpretó alguno de los grandes éxitos de dichos artistas a modo de remix cauto y con el respeto que se les debe tener a tales grandes intérpretes de la historia de la Humanidad.

Canciones como «La Carretera», «Amor, Amor», «Hey», «Me olvidé de vivir», «De niña a mujer» o «La gota fría», hicieron que la versión de «Caruso», que interpretó Iglesias, tan sólo se quedase en un recuerdo para el desaparecido Pavarotti.

En su recurrente afirmación sobre el gran parecido entre la música latinoamericana y la canaria, Iglesias interpretó sendos temas de uno de los referentes por antonomasia de la música mexicana, José Alfredo Jiménez.

Con su versión de «En el último trago», Julio Iglesias consiguió que el recinto portuario de Santa Cruz de Tenerife se vistiese de charro y tuviese sabor, por unos instantes, sabor tequila.

Rememorando su estancia en Tenerife durante dos años, de 1969 a 1970, Iglesias se fundió con su público chicharrero, en uno de los momentos álgidos de la velada, interpretando «Virgen de Candelaria».

Si el cantante ya se había «metido a su público chicharrero en el bolsillo», con dicha versión, coreada por todos a los que nos circula ADN canario por las venas, Julio Iglesias se convirtió en chicharreo por un día.

Tras más de dos horas de concierto y echando de menos el típico «falso final», Julio Iglesias abandonaba el escenario dejando a su público con el sabor agridulce que posee cualquier despedida.

Anoche, en el recinto portuario de la capital tinerfeña, la nostalgia se hizo canción en la voz incombustible de Julio Iglesias, el eterno bohemio de la carretera.

Agradecimientos: Artevalle Producciones.

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