FIRMAS Juan Velarde

Defensores de la vida del toro…¿y de los seres humanos? Por Juan Velarde

Permítanme que sea irónico y comience diciendo que me complace haber comprobado estos días que hayan salido miles de internautas a defender la vida, a llamar asesinos a quienes matan.  Sí, las redes sociales han estado plagadas de todo tipo de alegatos en contra de la muerte…¡de la muerte del toro!

Como el tema es bastante espinoso y no va a dejar indiferentes ni a unos ni a otros, aconsejaría a esos defensores de los ‘derechos’ del toro o de cualquier otro animal, a que se manifiesten ante cualquiera de los centenares de clínicas abortivas que jalonan nuestro país. Podría colocarles aquí el listado completo, pero para no aburrirles, aquí les dejo un enlace (http://www.clinicasabortos.com/) en el que pueden comprobar cuál es el centro más cercano a su casa e ir allí a montar una pataleta ante los miles de asesinatos que se cometen al año con total impunidad y con permiso, dicho sea de paso, de partidos tan defensores de la vida como el PP, que financian a estos centros con un chorro de subvenciones públicas. Aquí en Madrid sabemos de eso bastante.

Insisto, para fijar una vez más mi posición, que no me atrae el espectáculo taurino. No es que lo aborrezca, es que sencillamente no me gusta, pero forma parte de nuestro acervo cultural y aquí, mientras la ley no cambie, si no se llama asesino a un médico que practica abortos, menos aún a un diestro que lucha de igual a igual con un toro. El torero no es ningún asesino y, que yo sepa, no hay legislación en contra que considere legal las corridas en España.

Estoy convencido de que nadie en su sano juicio habría deseado la muerte de Víctor Barrio, pero tanto el propio torero como su familia habrán contemplado en cada una de las corridas anteriores a la trágica de Teruel la posibilidad de fenecer en el coso taurino producto de una cogida. Desgraciadamente, es parte del espectáculo. Lo que está fuera de lugar es todos los insultos al diestro y a su familia. Y encima por parte de gente que, paradójicamente, dice ser defensora de la vida. ¡Alucinante!

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