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El compromiso forma parte de la democracia. Por José Luis Poyal Costa

Pedro Sánchez dice no al PP y a Pablo Iglesias; Albert Rivera no a Rajoy pero no al PP; Pablo Iglesias dice sí al PSOE; Mariano Rajoy mantiene su Gran Coalición.

Después de seis meses, a reserva de que las urnas que ponen punto final a la  breve legislatura anterior den una sorpresa, estamos en la misma situación de partida, todo sigue igual, con los mismos protagonistas y sus líneas rojas, sus feroces antipatías, ambiciones personales, cortedad de visión y cerrándose a si mismos los caminos del entendimiento.

Desgraciadamente hay muchas probabilidades de que continúe el bloqueo y la parálisis política, por que a pesar de que todos los líderes han  declarado, con énfasis, que no habrá unas terceras elecciones , a lo largo de sus respectivas campañas no han hecho nada para evitarlas y encima si el estado anímico de los ciudadanos era de hastío, ahora han motivado la preocupación. Un temor palpable por la creciente polarización entre la izquierda y la derecha que se convierte en caldo de cultivo para la radicalización extrema.

La falta de consenso se paga con un populismo extremo y una ultraderecha, tal como está ocurriendo en Europa .La prensa internacional ya está advirtiendo del alto precio que están sufriendo los españoles por la incapacidad de su clase política. No vale predicar democracia y olvidar que el compromiso forma parte de ella.

¿Y mañana qué? Con algo de cansancio y cinismo se podría decir  que tampoco nos ha ido tan mal por los ciento ochenta días sin Gobierno. El crecimiento del PIB se ha mantenido, continúan  disminuyendo el paro y los desahucios  y aumentó el consumo. La reflexión dice que la inercia adquirida por los repuntes de 2015 ha sobre pasado las circunstancias, pero que ya se detectan signos de pérdida de aceleración, de tal manera que la incertidumbre ya  está reduciendo actividad.

¿Cuánto tiempo se puede aguantar sin Gobierno?. Bélgica tiene el récord de 541 días. Irlanda también ensayó el conflicto prolongado e Italia  da ejemplo de cómo se puede mantener la estabilidad sin Gobierno, o nombrarlos para poco tiempo. Una administración pública entrenada mantiene las instituciones. Ni somos italianos, ni nuestra administración es dinámica sin ministros ejecutivos.

Analistas y politólogos ya han dicho todo sobre la situación y las cábalas sobre el escenario que nos depararán, esta misma noche, las urnas.

Con la experiencia acumulada y no habiendo aprendido la lección, tolerando la estafa ideológica, aplaudiendo los diecisietes noes  de Pedro Sánchez, los mariposeos de Albert Rivera, habrá que ver como los verdaderos oponentes, Pablo Iglesias y Mariano Rajoy manejan sus resultados y si continuamos en el limbo para repetir en Noviembre.

Habrá ocasión de medir la tozudez  e irresponsabilidad de nuestros líderes ,si son incapaces de consensuar a pesar del peligro real de una nueva recesión, la crisis de la UE, el inoportuno «brexit», cuyas consecuencias para España y los españoles serán más graves sin un Gobierno estable.

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