FIRMAS Francisco Pomares

A babor. Reflexiones del día. Por Francisco Pomares

1.- Qué extraño cierre de época el nuestro, con una nación ejemplar añorando una nueva autarquía del té y el ombligo. Haciendo historia contra la historia. Cerrando el paréntesis que abrió la caída del muro, y dejando a Europa en su cáscara, huérfana de horizonte atlántico. Qué extraño momento de molinos de carne y hueso y gigantes petrificados, sometidos todos al aroma ácido del miedo, levantando trincheras a golpe de burocracia y «non papers», negándonos toda promesa de solidaridad universal, de bienestar repartido y de un territorio humanizado y sin fronteras. Paralizada la respiración ante las señales del cambio insoportable que nos devuelve a los fosos de Weimar, a la Europas de entreguerras, al discurso hoy edulcorado de los viejos fascismos, al racismo, la disolución y el abandono. Qué extraño que hayan muerto los viejos mitos del pasado, los dioses laicos del civismo y la democracia, y que de sus tumbas olvidadas renazcan solo ridículos patriotas de opereta como Niguel Farague, Marina Le Pen o Donald Trump. Y que las masas les respondan. Qué tiempo este, perdido para todo lo que no sea el ruido, la ignorancia, el egoísmo y la banalidad.

2.- Qué bronco final de campaña este: los discursos de última hora sorteando la losa del «brexit», con el humo de las hogueras de San Juan atragantando medio país, el escándalo inacabable de las grabaciones, la indecente presentación argumental del comportamiento del ministro de Interior como algo normal, algo que hace todo el mundo… y el fiasco extraordinario de los sondeos a pie de urna, los más fiables y seguros, que adelantaron una radiografía bastante marciana de lo que NO había ocurrido. ¿Serán así también las previsiones que nos venden medios y partidos? ¿Puro entretenimiento demoscópico, para un tiempo en el que todo es ocio y diversión? ¿Nos habrán inventado una realidad paralela a lo que hay? Quién sabe. Desconfío de este teatro de coincidencias en el que las encuestas son iguales, los discursos son iguales, los programas se enlatan en couché y los candidatos parecen guiñoles animados de sí mismos, ahora con corbata, ahora sin ella. O héroe de la revolución pendiente hoy, líder moderado mañana. Pero siempre siempre siempre sin salirse un ápice del guion con pausas, gestos y alharacas que todas las mañanas te preparan en la habitación de al lado de donde duermes. ¿Que pasará mañana? ¿Y pasado mañana? ¿Y todos los días que vendrán después?

3.- En fin, qué difuso y qué cambiante todo: los de siempre nos secaron la ilusión con años de recortes, ajustes y restricciones. Repartieron la escasez creando -en apenas tres años- medio millón de nuevos ricos y diez millones de hombres, mujeres y niños con sus vidas en precario. Derrumbaron en una noche la inalteralidad sagrada de la Constitución para contentar a la matrona germana. Con ellos, sus hijos y nietos, la vida demolida de un bosque invernal: las personas como hojas a punto de ser arrancadas por el viento, soldados a punto de morir en el poema de Ungaretti. La agobiante desolación, la cobardía y las mentiras… Y los que vienen, los que llegan con más ganas anunciando el nacimiento de un mundo nuevo hecho de sonrisas, amor y golosinas. No logro ver nada de nada más allá de adanismo y revancha, la voladura incontrolada del tiempo de antes de la crisis, aquel espacio fiable e inseguro, aquella sociedad imperfecta pero perfectible, construida a base de esfuerzos, compromisos, errores, equilibrios y un catálogo infinito de injusticias apelables.

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