FIRMAS Francisco Pomares

A babor. Anatomia de una noticia. Por Francisco Pomares

La noticia tiene su origen en la filtración de un pequeño ágape ofrecido al ex Soria por una parte de sus colegas de Gobierno -el llamado G-8- , en casa del ministro Margallo. Una despedida de amigos, realizada sin alharacas, un asunto estrictamente privado, diría yo. Y fue en esa reunión coleguil, parece que ya en las copas, cuando alguien que podía hacerlo le propuso a Soria convertirse en asesor del Banco Mundial y Soria rechazó la oferta. El problema comienza cuando otro alguien le contó lo ocurrido a La Sexta, que convirtió la historia en noticia de alcance, obviando la negativa del ex ministro, quizá porque esa parte no se la contaron o quizá porque a La Sexta le interesaba más la oferta que su rechazo. Está el patio en los últimos meses muy pendiente de las puertas giratorias, y la propuesta de ‘enchufe’ de Soria como asesor con 200.000 euros de sueldo se convirtió inmediatamente en noticia de alcance nacional.

La cosa es que Soria dijo que no desde el minuto uno el ofrecimiento. Tras su traumática renuncia al ministerio, después de cinco días de mentiras, contradicciones y calvario, Soria ha optado -creo que con buen criterio- por someterse a la mínima e imprescindible exposición pública. Por eso ya tenía decidido irse a cursar un máster a Harvard durante unos meses. Probablemente se quedará en EEUU el próximo curso, impartiendo clases en una de las universidades privadas de New York. Sigue exactamente así el mismo guion del ex presidente Aznar cuando dejó la presidencia del Gobierno: una temporada en lo académico, como mecanismo de reconstrucción personal, oxigenación mental y olvido mediático.

Pero los hay que no sacrificarían nunca un buen titular sólo porque lo que cuenta la noticia no sea verdad. Incluso aceptando que el que Soria reciba una oferta de alguien del Gobierno en una reunión privada puede ser considerado noticiable, esa noticia se convierte en falsa si se da por hecho que Soria aceptó la oferta cuando resulta que hizo justo lo contrario. A partir de ahí, en el ambiente asirocado e histérico de esta precampaña (que es campaña desde un mes antes de la disolución de las Cortes), es muy fácil liarla: basta con preguntar a los adversarios políticos del ministro sobre la oferta que Soria no aceptó para conseguir el efecto ‘rasgamiento de vestiduras’: Sebastián Franquis y Meri Pita pusieron el grito en el cielo por la desvergüenza que supone aceptar tal oferta. Ambos siguen peleando con Soria como si Soria encabezara aún la lista del PP en Las Palmas, como si no hubiera ocurrido nada desde el 20 de diciembre, sin aplicar aquella vieja y sabia máxima «a enemigo que huye puente de plata».

El caso de la oferta a Soria parece agotarse en esas declaraciones forzadas de sus antiguos contrincantes, pero la reflexión sobre cómo se construyen hoy tantas informaciones no acaba ahí. Las grandes cadenas especializan ideológicamente sus audiencias, y viven instaladas en una recurrente oferta de entretenimiento e información -muchas veces mezclados- hecha no para informar sino para complacer a los televidentes, ofreciéndoles en las noticias justo lo que quieren escuchar. Esta no es la única noticia «construida» específicamente para consumo del «share». Cada vez hay más noticias así, y menos información contrastada. El problema es que hasta los periodistas empezamos a dar por bueno el sistema…

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