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El bar de Pepe. Constitución Española: Art. 20. Por Joaquín Hernández

Una de las grandes mentiras de todas las naciones se llama Constitución. La llamada Ley de Leyes es una farsa que se debe tomar como un simple libro de buenas intenciones con malos resultados.

La Declaración de los Derechos Humanos, en su artículo 19 también recoge que la libertad de expresión es un derecho fundamental, un derecho humano. Así mismo la Constitución Española en su artículo 20, capitulo 1, apartado a) reconoce el derecho fundamental de todos los españoles a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. En el mismo artículo y en el capítulo 2 expresa que: el ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.

Esto, que sobre el papel suena como música celestial, en la realidad es una milonga sentimental y otra de las grandes mentiras de nuestra dictacracia.

Nos quejábamos amargamente de la censura que imponía la dictadura del General Franco, deseábamos fervientemente que llegará la democracia. ¿Podría existir mayor felicidad para un periodista, escritor, guionista que poder expresarse libremente y sin miedo de la multa o de lo que era peor; acabar con los huesos, en el mejor de los casos, en la mazmorra de la jefatura superior de policía y en el peor en la puta cárcel? ¡¡Qué maravilla, pensábamos, poder llamar burro a Nixon y además, te aplaudan!!

Y llegó la ansiada democracia y con ella la Constitución Española, la Carta Magna, la repera limonera, la solución a todos nuestros problemas. Y los plumillas empezamos a soñar con la famosa libertad de expresión, de prensa, de la cosa de la coña marinera del Interviú, las revistas de desnudos, las pelis porno, el teatro libre y ya estábamos sentados en las redacciones de los periódicos, en la radios privadas preparados para darle a la Olivetti sin que nadie nos dijese ni mu. La televisión y radio pública seguían tal cual, o sea el artículo 20 de la Constitución no existía de puertas para adentro de Prado del Rey.

Pero como la fiesta nunca es como empieza, pasado un par de añitos aparecieron nuevos formatos periodísticos, nuevas cadenas de radio y televisión, y se hizo famosa la frase “línea editorial” pero que en realidad es una “línea roja” que sirve para que los propietarios de los medios de comunicación se salten el art. 19 de la Carta de los Derechos Humanos y el art. 20 de la Constitución Española por el forro de los cojones, así sin más florituras.

Pero lo que más te jode de toda esta parafernalia de las “libertades encarceladas”, es que son estos mismos medios, los que censuran el libre albedrio de ejercer tu derecho a expresar libremente tu opinión, los que presumen de ser respetuosos con esa libertad de opinión, vanagloriándose cada uno de ellos de cumplir a rajatabla el precepto que empieza por respetar las ideas de uno u otro, del de izquierdas o derechas, del partidario de uno u otro tema. Me repatea el cinismo con el que te dan excusas por no poner una u otra palabra, para que quites uno u otro concepto, para que, en definitiva, cambies tu criterio o corres el riesgo de que tu columna, libro, guión acabe en la cárcel de papel.

Soy uno de los pocos profesionales que tiene la suerte de publicar en editoriales, revistas, periódicos, colaborar en radios y televisiones que, de momento, no me han propuesto quitar o poner un punto o una coma en ninguna de mis manifestaciones, lo más, y por exigencias del papel, limitar la extensión de mis rollos patateros, pero siempre dejando a mi criterio done aplicar la tijera del contenido. Comprendo que es inocente creer que por mucha ley que exista cambiará el sistema de censura, que seguirá existiendo pese a las leyes de los libros utópicos de los gobiernos, pero por favor, procuren evitar presumir de “ecuanimidad de sus juicios y la veracidad de sus informaciones” porque al final hacen el puto ridículo y acabamos los lectores, oyentes, televidentes, descojonado del ataque de risa que sufrimos al oír tamaña mentira.

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