FIRMAS Francisco Pomares

A babor. «Casus belli». Por Francisco Pomares

No se yo si estarán muy preocupados en Moncloa por la amenaza de Fernando Clavijo de liarse la manta a la cabeza si en Canarias se aplican más recortes. Uno entiende que estas cosas hay que decirlas cuando los periodistas te preguntan, pero lo cierto es que este es un momento bastante idiota si se quiere meterle presión al Gobierno de la nación. Primero, habría que encontrarlo, si aún sigue en funciones: desde hace un mes, no hay nadie -Gobierno incluido- que no esté a lo suyo, que es a preparar las elecciones. Eso explica desde las contenidas lágrimas de Rivera en Caracas, hasta las descaradas mentiras de Montoro sobre la carta-bomba de Rajoy a Juncker: aquí lo único que les importa ahora es no pifiarla, que hay un 35 por ciento de votantes que aún no tienen claro si se pasaran las urnas por el arco de triunfo o no, y si deciden que no, a qué o a quién votarán. O sea, que las amenazas de Clavijo al próximo Gobierno, supongo que le resbalan a todo el mundo. Es posible que incluso a él mismo.

Porque los hechos son contundentes: Bruselas exige a España que reduzca su déficit por debajo del tres por ciento. Tenía que haber ocurrido ya, pero el Gobierno andaba ocupado bajando impuestos a los ricos y devolviendo pagas a los funcionarios antes de las elecciones. Ha decidido Europa darle al Gobierno prórroga para que cumpla los objetivos del ajuste. Bajar este año desde el 5,1 por ciento del PIB actual al 3,7 por ciento, y el próximo bajar al 2,5 por ciento. Eso supone que el Estado recorte 8.100 millones de euros entre este año y el próximo, y algo más en los dos siguientes. A quien le toque gobernar (se aceptan apuestas de que PP estará en el futuro Gobierno, y se paga doble si es un PP sin Rajoy), a quien le toque gobernar digo, tendrá -sí o sí- que aplicar las quitas, y además pagar la multa de 2.100 millones que Juncker va a pasar al cobro tras las elecciones. Negar la inevitabilidad de ese nuevo ajuste, como hace Pablo Iglesias olvidando el ejemplo de lo que ocurrió el año pasado en la muy belicosa Grecia de Tsipras, o como hace el ministro Montoro, instalado en un cinismo de órdago, es negar lo obvio. Y si en cuatro años se van a introducir «esfuerzos estructurales» (nueva definición de «recortes masivos») en los Presupuestos, pretender que eso no afecte a Canarias es mero discurso. A día de hoy, las promesas del interregno pepero -REF económico, condonación del IGTE, tarifa plana (o similar) y reforma de la financiación más favorable a las Islas- comienzan a desvanecerse como el humo de una chimenea. Al pánico que produce saber que seguiremos recibiendo 700 millones anuales menos de lo que deberíamos recibir si se aplicaran las reglas del REF, se suma la percepción de que los convenios de carreteras, obras hidráulicas, empleo e infraestructuras turísticas, pueden pasar de su actual raquitismo a ser pura entelequia… frente a todo eso, cabe amenazar con nuevos capítulos de la vieja bronca Canarias-Madrid, pero la apisonadora de la realidad lo que nos dice es que esta región (y las demás) van a tener que buscarse la vida, cada día con menos ayuda de un país arruinado, fiscalmente agotado y socialmente roto.

Ya no basta con ir a la guerra, al estilo Rivero. Hay que pensar de dónde sacar dinero para evitar el colapso de los servicios públicos. Y se me ocurre que la mejor manera de encontrar dinero es buscarlo en el único sitio donde todavía queda: en las rentas más altas, que se han casi duplicado con la crisis, y en los grandes beneficios, fiscalmente protegidos. Llevamos siete años de crisis sin pescar en esos caladeros.

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