FIRMAS

El bar de Pepe. 72 horas de okupa. Por Joaquín Hernández

El efecto causa la violencia. Pero antes de analizar el por qué de la violencia, tendríamos que preguntarnos cuál es el efecto que causa esa violencia desmedida de millones de jóvenes en todo el mundo. Intentar comprender cual es el motivo por el que cada día se suman cientos de miles de muchachos (entre los 15 y los 25 años, algunos dicen hasta los 30) al movimiento «activista y anti sistema».

Los datos que tengo en mi poder dicen que una gran mayoría (80%) son muchachos de ambos sexo que abandonan sus estudios de bachiller o universitario para engrosar las filas de los «anti régimen», se constituyen en comunas, ocupando viviendas o locales vacios, generalmente abandonados por sus propietarios.

El llamado movimiento «okupa» se extiende en todo el mundo y muy particularmente en Europa. El perfil del okupa está muy lejos de ser el de un indigente, un paria; primero por su formación y estudios, segundo por sus habilidades, que ponen, altruistamente, a deposición de los otros comuneros. Son gente capaz de salir del entorno familiar, y me refiero a un ambiente de familia normal, para buscar lo que ellos llaman un «mundo mejor».

Odian las guerras y se declaran pacíficos, nunca son violentos a menos que se tengan “que defender de las oligarquías que dominan el mundo”. Anti militaristas, están siempre dispuestos a manifestarse en contra de la guerra, no reconocen banderas, himnos o fronteras.

En contra del despilfarro de alimentos tienen su propio sistema de economato, recogen, de las grandes superficies, los excedentes de productos alimentarios que por razones de próxima caducidad o defectos del embalaje se van a destruir, de esta forma disponen de un banco de alimentos que renueva diariamente su stock. Se declaran vegetarianos, odian todo lo que ellos consideran “exterminio animal”, no consumen carne ni productos cárnicos ni derivados como los huevos, leche animal, el pescado nunca de piscifactoría.

Cada uno aprende del otro, el que toca la guitarra enseña al que dibuja y este a su vez comparte su arte con los otros, todos tienen que aprender algo del uno y del otro. Existe una máxima que consideran fundamental: juntos, unidos jamás seremos vencidos.

Lo que menos importa es la apariencia exterior, son disconformes con los hábitos que impone la sociedad de consumo, se dejan crecer la melena y se hacen peinados estrafalarios, la ropa la utilizan de segunda o tercera “mano”, no necesitan más para enfrentarse a un mundo que consideran hostil.

Políticamente se pueden definir como “anti todo”. No creen en las democracias a las que consideran la farsa más grande de la humanidad, jamás han votado y pregonan la abstención como método infalible para obligar a cambiar de manos el poder establecido. Odian el capitalismo, van en contra de la riqueza que, sin estar de acuerdo para nada con el comunismo, dicen es el principal culpable del hundimiento del planeta tierra.

Se ríen de la pantomima que significa la monarquía, y no comprenden cómo puede subsistir en pleno siglo XXI. Critican nuestra actitud al consentir que soportemos la carga económica de gente que, por el simple hecho de “nacer en alta cuna”, viven como parásitos del sistema y por los siglos de los siglos.

No creen en las ideologías por lo que es prácticamente imposible intentar que razonen sobre un sistema de gobierno más allá de la anarquía que llaman “controlada”, es decir una forma de administrar donde todos ponen todo y lo administran todos por consenso, parece que el sitio perfecto es la filosofía aquella que dice “no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita”.

El caso de los “okupas” del Bº de Gracia en Barcelona es un ejemplo de las actividades que en la mayor parte de las viviendas o locales ocupados, realizan estos singulares personajes. En Cataluña, pionera en España del movimiento okupa, se ha dado el caso de proponer al propietario de una masía semi derrumbada, abandonada desde hacía 50 años, el arreglo y conservación de la misma a cambio de permitir el alojo de 70 chicos y chicas “anti todo”.

El resultado ha sido espectacular tanto es así que el pueblo y los alrededores han cooperado y beneficiado de los cursos de jardinería, agricultura, música, dibujo, arte escénico , albañilería y una importante compañía de teatro cuyos componentes pertenecen al colectivo okupa y que están cosechando importantes éxitos en el teatro improvisado en los jardines de la Masía.

Tienen su propio código de conducta y no admiten el trapicheo con la droga, sólo el porro es tolerado siempre y cuando su consumo se haga moderadamente, en una comunidad donde su lema es “prohibido prohibir” se hace difícil imponer hábitos de vida si no es consensuado por todos. Se manifiestan pacíficamente, los movimientos anti sistema, en contra de lo que se quiere hacer creer a la sociedad, son pacifistas y aborrecen la violencia en cualquier ámbito de la vida.

No fueron los okupas del local de la Caixa en el barcelonés Barrio de Gracia los que destruyeron mobiliario urbano y escaparates de locales comerciales de la zona. Se sabe a ciencia cierta, lo sabe el conseller de Interior de la Generalitat, el propio ayuntamiento de Barcelona tiene fichados a los que se infiltran entre los manifestantes para crear acciones violentas encaminadas a que la opinión pública rechace todo lo que signifique anti sistema. ¿Qué hacemos tan mal para que esos jóvenes rechacen todo el mundo que hemos creado para ellos? La contestación a esta pregunta la tenemos en la falta de perspectiva, de presente y de futuro, la carencia de ilusiones para terminar unos estudios que se les antoja inútiles y faltos de contenido formativo real.

La juventud reclama su lugar en el mundo y reivindica una nueva forma de vida distinta, basada en la solidaridad y la convivencia alejada de tabúes, de fobias o filias, lejos de la discriminación racial. Puede que todo esto nos lleve a pensar en utopías imposibles de realizar pero ¿no creen que vale la pena intentarlo?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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