FIRMAS Francisco Pomares

A babor. Rosa Dávila y sus acuerdos pinypon. Por Francisco Pomares

Cada día que pasa, el Gobierno de Canarias y su consejera de Hacienda inventan una nueva ocurrencia sobre cómo resolver la financiación del Archipiélago. La última es la de crear un fondo estatal para la insularidad, que se aplicaría a las dos regiones insulares -Canarias y Baleares- y que fue propuesto el jueves tras una reunión de Rosa Dávila con su colega mallorquina. Vale. Como idea tiene su aquél: un fondo estatal común para las islas, aunque resulte que las islas del Mediterráneo tienen la mayor renta per cápita del país y nosotros la más baja. No casa demasiado eso de ir cerrando acuerdos para la financiación con todos: con los andaluces, por la vía de juntar a los pobres, y con los baleares por la cosa isloteñista, aunque eso signifique pactar con los ricos. Es un contrasentido: a este paso, llegaremos a la reunión para el sistema de financiación con chiripitifláuticos acuerdos-ocurrencia con todas y cada una de las regiones, porque seguro que encontramos algo en lo que podamos entendernos con ellas, por ejemplo, en lo de querer más. Porque todos queremos más, los ricos, los pobres, los funcionarios de prisiones y los mediopensionistas. Y ese es precisamente el problema, que no hay ni va a haber más. Lo que va a haber es mucho menos: ocho mil millones menos en dos años. Y las previsiones, actualizadas del Programa de Estabilidad, 2016-2019, remitido urgentemente por el Gobierno en funciones a Bruselas para que nos indulten el pago de la multa a España, por incumplidora, hasta después de las elecciones generales (al PP no le vendría bien para su discurso de haber resuelto los problemas del país que Europa nos multe por no resolverlo). Las previsiones, digo, son reducir el gasto público total del país de un 43,32 por ciento del PIB al 40,07. Una reducción del 3,25 en cuatro años. Con la deuda pública por encima del PIB por primera vez desde principios del siglo pasado, con un ajuste de 8.000 millones en dos años que se va a llevar por delante el empleo en sanidad y educación, con las pensiones oficialmente en riesgo, con un Gobierno irresponsable que reduce el IRPF antes de las elecciones, a sabiendas que tendrá que volver a subirlo después, las ocurrencias canarias sobre frentes comunes y estrategias en la futura renegociación del sistema de financiación no pasan de ser un brindis al sol, puro entretenimiento de la señora Dávila y ruido mediático. Porque no vamos a sacar ni un euro más.

La única opción para que Canarias pueda aumentar el dinero que destina a sus políticas pasa por conseguir que Montoro revise el límite del gasto de esta región, que es la única de España que -en año de elecciones- ha cumplido sus compromisos económicos. Y es que aquí se está produciendo una paradoja absurda: la existencia del límite de gasto hace que Canarias no pueda gastar lo que recauda (sólo puede usar el excedente para pagar a los bancos, pero tampoco puede permitirse reducir impuestos, porque si lo hiciera, como la regla de gasto es proporcional a lo que se recauda, entonces habría que reducir los presupuestos y gastar aún menos que ahora. Es una ecuación infernal, disparatada y que sólo favorece a unos bancos que no prestan dinero porque los ciudadanos no tienen con qué pagarlo.

El Gobierno de Canarias debería dejarse de jugar a los «acuerditos pinypon» y otras pavadas y concentrar su política con Madrid en reventarle a Montoro la regla de gasto. Es complicado vendérselo a una ciudadanía que espera que los gobiernos lo cubran todo sin gastar nada. Pero es lo que hay. O eso, o ajo y agua, por lo menos los próximos cuatro años.

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