FIRMAS Salvador García

Fractura en el bravo pueblo. Por Salvador García Llanos

En la tarde de ayer, imágenes en directo de los disturbios en Caracas. Feo todo: desespero de la población, violencia, represión policial, hasta el presidente de la Asamblea Legislativa (Parlamento), Henry Ramos Allup, muy activo en la pretendida organización de los manifestantes y frente a las fuerzas y cuerpos de seguridad…

Venezuela es un volcán y todos lo saben. O deben saberlo. Oficialismo y oposición. Desde hace tiempo viene rumiándose un estallido social. Todo parece pendiente de alguna chispa que prenda y se convierta en incontrolada. Queda la opción del autogolpe, que no hay que descartar, máxime con los precedentes.

Situación crítica. Las imágenes eran preocupantes, interpretables de otras que serán peores. Lo peor es que tal situación se desarrolla con un pueblo al que le duele el estómago entre colas desesperantes y desabastecimientos prolongados. Millones de ciudadanos quieren revocar el mandato del presidente Maduro. Y éste que se enroca, sin límite de advertencias que suenan a amenazas. El régimen se resiste a dejar de serlo: al contrario, es como si quisiera desoír la voluntad popular, expresada en las urnas sin género de dudas. La revolución palidece hasta el fracaso pero la incertidumbre azota los horizontes y el futuro del país, a donde acuden ex gobernantes -entre ellos, el español José Luis Rodríguez Zapatero- en busca de una mediación que evite una catástrofe social.

El bravo pueblo del himno venezolano está fracturado. O conmigo o contra mí: a eso se está reduciendo la realidad, el retrato doliente de un país sacudido, pese a sus riquezas naturales, por muchos desafueros.

Ese bravo pueblo no quiere más yugos. Ese es el tema.

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