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Reflotar Europa. Por José Luis Poyal

El presidente del Parlamento Europeo, el socialdemócrata alemán Martín Schulz, en la solemne entrega del premio Carlomagno al Papa Francisco advertía: «Europa atraviesa una crisis de solidaridad y los valores comunes sobre los que se fundó se están vaciando».

Se constata un alarmante consenso de que el proyecto europeo que comenzó a gestarse hace 66 años con la Declaración Shuman y que ha cubierto tantas páginas brillantes en el campo económico y social, rompiendo tabúes que parecían irreductibles, ha entrado en crisis estructural de tal magnitud que se hace preciso abordar un nuevo proceso de reinvención si se quiere reflotar la Europa Comunitaria.

Se pensaba que las instituciones de la UE se habían blindado frente a las situaciones conflictivas que plantea una cesión de soberanía  por parte de un colectivo tan complejo como el de los 28 miembros actuales. Con dificultades extremas, a veces malherido, el club ha ido sobreviviendo a episodios como la creación del euro, la crisis financiera, los rescates de Chipre, Portugal, Irlanda y todavía de Grecia, además de las cuasi quiebras de España e Italia, junto a los laboriosos procesos de homogeneización de legislaciones y derechos civiles pertenecientes al campo de la sensibilidad nacional de cada estado miembro.

Todo lo conseguido está ahora bajo la amenaza de la desestabilización profunda, el hundimiento, por acontecimientos que afectan a las propias raíces del proyecto europeo: el secesionismo del Reino Unido que de triunfar el 23J anula tratados fundacionales; el difícil manejo de miles de refugiados en busca de asilo; los tremendos retrasos en la recuperación económica; el empuje de los populismos eurófobos y por si fuera poco la renuncia que se extiende al principio básico de libre circulación de personas, consagrado en el Tratado de Shengen.

La situación actual parece tan expuesta que el Papa pidió a Angela Merkel que trasmitiese a los dirigentes de la Unión que mantengan Europa unida, salvaguardando la moneda única y «honrando la responsabilidad humanitaria» de este rico continente.

A pesar de todos los desastres y fracasos, la UE sigue siendo un modelo de éxito tanto en el aspecto económico como en el político. Si de puertas adentro hay un euroescepticismo preocupante, desde fuera sigue habiendo países demandando adhesiones mediante pactos y suscitando envidias su prosperidad y bienestar social comparado con otras áreas. La UE acoge el 7% de la población mundial y produce más del 20% de su riqueza y participa con el 50% del total de gastos sociales que se hacen en el mundo.

Si hacemos alguna referencia de lo que significa la UE para España, merece la pena recordar que nuestra adhesión el 12 de Junio de 1985, dentro de poco 31 años, supuso el respaldo a nuestra joven democracia, en una simultaneidad que era garantía de estabilidad. En aquel año nuestro PIB per cápita era el 70,4% de la media de los entonces DOCE. En 2007  pasamos al 103% de la media de los VEINTISIETE. La crisis redujo el índice al 94% en el 2015. Durante muchos años, España ha sido el primer receptor de fondos europeos, periodo que está a punto de agotarse porque nuestro país se ha convertido en la cuarta economía de la zona euro.

Los eurófobos radicales hacen presión sobre la UE tachándola de monstruo tecnocrático al servicio de los poderes  explotadores, pasando por alto que hoy la UE es la garantía de los derechos fundamentales y el auténtico freno al  retorno de los nacionalismos y populismos xenófobos y excluyentes que tantas tragedias llevaron a Europa. Darle a la UE más ánimo, más aire, debe ser la tarea de ahora. 

 

Periodista. Historiador. Profesor Universitario/ASSOPRESS

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