FIRMAS Francisco Pomares

A babor. Decidirá la abstención. Por Francisco Pomares

Casi el ochenta por ciento de los votantes repetirán su voto en las próximas elecciones, según un enorme sondeo postelectoral realizado por el CIS, y que fue divulgado ayer. También como resultado del sondeo, se percibe que la campaña electoral de diciembre fue determinante para que algo más de un tercio de los electores (el 36 por ciento) inclinaran el voto en un sentido u otro. Según los datos del CIS, la mayor parte de los electores mantuvo sus posiciones en la derecha o la izquierda, y dentro de esa fidelidad ideológica, el conflicto se produjo entre votar al partido clásico del centro derecha -el PP- o hacerlo al nuevo, Ciudadanos, y entre votar al partido tradicional del centro izquierda (PSOE) o hacerlo al emergente Podemos. De entre quienes tenían dudas sobre qué votar, un poco menos de los dos tercios tuvo dudas de si votar al PP o hacerlo a Ciudadanos, y un poco más de un tercio dudó sobre si le convenía votar al PSOE o a Podemos.

Los resultados de aquellas dudas, resueltas fundamentalmente durante la campaña electoral, son ya conocidos: el voto del independentismo catalán produjo una especie de sudoku maldito, en el que ninguna de las combinaciones posibles -excepto la gran coalición- permitiera formar gobierno con mayoría.

En las próximas elecciones del 26 de junio, ya convocadas por decreto real, las dudas sobre qué votar son inferiores, pero siguen afectando a uno de cada cinco votantes potenciales. El partido que mantiene más firmemente asegurada su propia clientela es el PP, seguido de cerca por el PSOE. La mayor parte de quienes votaron al PP y al PSOE en diciembre, en las peores condiciones imaginables, difícilmente dejarán de hacerlo en estas elecciones. Pero a ambos partidos se les mueve una parte -pequeña, eso sí- de su propio electorado: hay votantes del PP que podrían decidir votar a Ciudadanos, pero es evidente que también los hay de Ciudadanos que podrían decidir votar al PP. En cuanto al PSOE, lo tiene un poco más complicado: esa pequeña parte de sus electores que tiene dudas podría decidirse por votar a Ciudadanos o a Podemos. Aunque también es verdad que el PSOE podría recibir votos desencantados de Ciudadanos, de Podemos e incluso algunos de Izquierda Unida, descontentos con la más que probable confluencia comunista con Podemos. El partido que lo tiene mejor para crecer es sin duda Podemos: los conflictos surgidos con las mareas y las candidaturas de confluencia se dejarán, probablemente, para después de las elecciones, pero -si se cierra un acuerdo con Izquierda Unida- Podemos podría recibir una parte importantísima de ese casi millón de votos que votó a Alberto Garzón en las pasadas elecciones. Un reciente sondeo de Metroscopia asegura que alrededor de un tercio de los votos a Izquierda Unida no irían a Podemos. Es probable que esos votos renuentes a la confluencia se repartan entre el PSOE, el voto en blanco, la abstención y el voto a pequeñas candidaturas radicales.

¿Cómo quedará esto entonces? En términos sociológicos, los resultados serán muy parecidos: la mitad del voto nacional para el centro derecha y la otra mitad para el centro izquierda, pero en términos políticos pequeñas diferencias pueden suponer un cambio sustancial del mapa. Y esos cambios se van a producir fundamentalmente como resultado de la abstención, de si es mucho más alta que en diciembre o no. El resultado de las elecciones de junio próximo lo van a decidir quienes no acudan a votar. Una chocante curiosidad de la democracia. Repetida: ya se produjo cuando una altísima abstención del voto socialista dio a Rajoy la mayoría absoluta hace poco más de cuatro años.

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