FIRMAS

NOVELERA SIN FRONTERAS. Fdo: Mami. Por Yolanda Arenas

Acabo de leer una entrevista que me ha llegado al alma. No puedo dejarles el enlace porque, vaya usted a saber por qué, el medio que la publica en papel no la ha colgado en su edición digital. 

Es una entrevista a Ana Ortiz (psicóloga) hecha por Verónica Martín y debo decir que se nota que ambas son madres porque la segunda sabe muy bien qué preguntas hacer a la primera. Son preguntas y respuestas en las que a buen seguro muchas nos vemos reflejadas, preguntas y respuestas que en la historia de muchas han conllevado un gran sufrimiento personal y preguntas y respuestas que sería una pena que se perdieran los padres.
Habla la psicóloga del deseo o no de ser madre, de cómo la sociedad empuja, de si existe o no un reloj biológico…
 
Reconozco que yo no tuve una especial afición por la maternidad. A mi un bebé ni me decía nada antes de ser madre ni me lo dice ahora. Mis aficiones van más bien por el mundo canino. La cuestión es bien sencilla: me gustan toooodos los perros que veo, me hacen gracia, les saludo, pero no pierdo aceite por un bebé. Cuando digo esto hay muchas mujeres que me miran con cara de piedra pómez como si las mujeres tuviéramos obligación de ser mamiadictas desde la cuna. Yo no… pero tengo hijas.
¿Por qué decidí parir? Pues un poco porque tocaba. Siempre he dicho que si no hubiera podido engendrar hijos propios no me hubiera traumatizado. Evidentemente el eterno milagro de crear vida es toda una experiencia, es realmente maravilloso, pero también debe serlo llegar a la cumbre del Everest, me temo que me lo voy a perder y ya ven el trauma. Hay quien está dispuesto a sufrir congelaciones con tal de hacer cima y mujeres que se someten a todo tipo de tratamientos para ser madre: oiga, cada uno con su afición o con su deseo… tanto me da.
Un buen  día hace 23 años decidí que vale, que OK, que me lanzaba a la aventura de ser mamá y lo hice desde la responsabilidad sí pero también con toda la inconsciencia del mundo y miedo, mucho miedo, muchísimo miedo. Me recuerdo a mi misma dándome ánimos: si quería tanto a mi perrita y a mis sobrinos… igual era que valía para el asunto maternal.
Y luego, a medida que aumentaba aquella barrigota, vinieron las revistas y los libros… vano intento de prepararme para lo que se me venía encima: sacar adelante mis grandes proyectos vitales.
De mis dos embarazos recuerdo mi casi obsesión por demostrar que estar embarazada no es una enfermedad y recuerdo a mi ginecólogo diciéndome: «Tienes razón: un embarazo no es una enfermedad pero son pocos los que no tienen efectos secundarios». A veces digo que yo tuve biológicamente 3 hijas: Leire, Malena y Ciática. La tercera es la que se va a quedar conmigo, seguro.
Dice Ana Ortiz en la entrevista que no se puede ser mujer 10 en todo: para ser perfecta en algo, tienes que abandonar el resto y ese es el mito que nos ha fastidiado pero bien a las de mi quinta. Había que ser buenas madres, buenas profesionales, buenas amantes, buenas esposas… ¡¡zas, me canso hasta de escribirlo!!
Y pregunta Verónica: «Desde una perspectiva de mujer y sexualidad, ¿ser madre cambia mucho la cosa?» Ahí le has dado Verónica…
Esto va para vosotros, papis de conversaciones del pelo de «mi mujer nunca tiene ganas» porque Ana Ortiz da en el clavo: «Una madre cuando tiene niños pequeños el papel de amante es el que deja en último lugar, no está en la lista de necesidades ni de prioridades… Tras ser madre hay una restructuración en el cerebro y dejas de ser importante y lo más importante es la criatura, hay un cambio de órdenes en tu vida… en esa etapa la sexualidad desaparece al menos temporalmente. Normalmente, cuando el niño rompe el apego, a los 4 años, esa madre empieza a recuperarse como mujer y es cuando la sexualidad vuelve a aparecer».
Mis hijas se llevan cuatro años y medio… y sé que esta psicóloga/mujer/madre sabe de qué habla y que, como bien dice ella, pasada esa etapa las mujeres reaccionamos porque nos damos cuenta de que «ya nos toca nuestra parte en la historia. Ser madre te hace ser más fuerte, te hace perder muchas inseguridades, ser más dura, más luchadora… más para ir a por lo que quieres y eso se traduce en la parte sexual».
No es fácil para los padres encontrarse frente a esas mujeres que les dicen con todo cariño sí pero también confirmeza: «¿Where do you go chavalote? Tas tu guapo… » 
Yo creo que la entrevista a Ana Ortiz que hoy publica el Diario de Avisos deberían leerla todos aquellos y aquellas que estén en periodo decisorio y todos aquellos que estén atravesando esa difícil infancia de los peques, para que sepan lo que les espera y busquen soluciones en lugar de culpables, para que sean fuertes para mirar a la biología y saber esperar o para decidir que ése no es vuestro camino, que queréis ser pareja pero no padres. Cualquiera de las dos cosas, pero sabiendo lo que os espera y por qué.
Porque vuestras mujeres/madre seguramente experimentaron lo mismo que yo cuando les entregaron a su hijo, tanto da que lo hiciera una madrona o una asistenta social. Cuando una mujer decide ser madre le espera un momento mágico: el encendido de un chip cuando ves la cara de esa cosita que hace que, por primera vez en tu vida, sepas lo que es el amor en lo absoluto, sepas que nunca va a dejar de ser así, que no hay ternura más grande, por ejemplo, que mirar a tus hijos mientras duermen.
Las madres sabemos que para construir a nuestros hijos hemos dejado atrás muchas cosas, muchos dieces pero queridas hijas ha sido un privilegio tan grande veros crecer que no hay reconocimiento más grande que vuestro «mami». Vuestros tres mamis.
Os quiere a las tres: Mami

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario