FIRMAS Marisol Ayala

Indiscreción y torpeza. Por Marisol Ayala

Nada soporto menos en una persona que la indiscreción y la torpeza. Creo que ambas “cualidades” van de la mano. Una persona indiscreta, que no mide las consecuencias de sus comentarios, es manifiestamente torpe. Torpe, incapaz de corregirse e incapaz de calcular como digo el daño causado. Si no eres consciente de que tienes ese perfil es imposible la corrección, burro viejo no aprende idioma. Me consta las barbaridades que una tipa ha dicho o hecho a una persona cercana que me ha costado creerlo. Ahí va una muestra.

Dos amigas de mi familia son pareja desde hace muchos años. Muchos. Son amigas heredadas que con el tiempo son mías. De aquí, de Las Palmas de GG, su ciudad, se fueron a la Península para vivir su amor en tiempos difíciles. De eso hace como 30 años. Dos o tres veces al año vuelven a la isla y cada vez que lo hacen mantienen encuentros con amigas, familiares, nuevas amigas, amigas de amigas. Discretas, buenas, en su mundo y ahora delicadas de salud.

Un día a través de las redes la mujer indiscreta y torpe a la que me refiero se acercó a ellas con la coartada de tener amigas comunes y por tanto conocerlas. Ese acercamiento culminó con una cita, algo que entra en el terreno de la normalidad. En el encuentro, recuerden que era la primera vez que se veían, la primera pregunta que formuló la indiscreta a bocajarro un “¿Ustedes son lesbianas?”. Para premio. La pareja se quedó tan disgustada por la intromisión en su intimidad que fueron incapaces de pronunciar una sola palabra. Insisto; son personas mayores, educadas y discretas. Ante eso optaron por guardar silencio e ignorarla hasta que transcurrido veinte minutos la indiscreta se marchó en vista de que captó que no querían ni verla. Esas dos personas a las que quiero y admiro me contaron el desagradable episodio y a su vez me pidieron que no le comentara nada. Y así ha sido. Sin embargo, desde ese momento la he sacado de mi vida, conociendo como conocí más tarde su absoluta falta de respeto en situaciones similares con otras personas, incluyendo la mía. Ella, que tiene el cerebro de un mosquito, no ha sido capaz de percatarse de mi alejamiento y el de otras personas con las que ha cometido imprudencias del mismo calibre.

Resumiendo, que hay personas a las que el victimismo, la tragedia y los inventos les sirven de coartada para creer que la lástima es amistad.

No. La lástima es otra cosa.

http://www.marisolayala.com/

 

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