FIRMAS Salvador García

Manos malhechoras. Por Salvador García Llanos

A medida que se van conociendo los contenidos de las grabaciones y de los informes policiales, aumenta la repulsión. Solo cabe decir que no hay escrúpulos en los dirigentes de un sindicato que no era tal, Manos limpias, y en los métodos que empleaban para cometer fechorías. Como que la Audiencia Nacional acabó encarcelándoles atribuyéndoles la autoría de delitos de amenazas, extorsión y pertenencia a organización criminal. Casi nada.

Siendo generosos, se dirá que ésta es una de las grandezas de la democracia: que utilicen sus resortes quienes demuestran no creer en ella, hasta abusar, hasta llevar al terreno de lo delictivo las prácticas para preservar y defender a clientes que, acaso de forma incauta, les confiaban sus discordias y sus contenciosos. Claro que el Estado de derecho -a veces más lentamente de lo deseable, pero las reglas son las reglas- termina imponiéndose porque estos métodos perversos y al margen de la Ley acaban siendo descubiertos y perseguidos. Y ahora, juzgados.

En la España del saqueo y la corrupción, en medio de un desalentador y caótico oceáno de fraudes y aprovechamiento indebido de los recursos públicos, la noticia de estas detenciones tiene que alegrar y producir satisfacción. Son un peligro inconmensurable bandas de este tipo que operan en la impunidad amparándose, además, en circunstancias de prevalencia, de temor inducido y hasta de ignorancia. Se ha concluido que las manos no estaban tan limpias, que estaban muy lejos de hacer honor al significado de esa denominación, tan recurrente en el lenguaje cotidiano.

Lo mismo que decimos para todos que se conducen a base de ilícitos: caiga sobre ellos todo el peso de la Ley. Empresas, personas físicas e incluso bancos o entidades financieras cedieron a la extorsión durante los últimos años. Largo es el camino para resarcirse pero, al menos, otros objetivos que podían estar en el punto de mira parecen ahora liberados. No es época de justicieros sino de madurez democrática y de ética cívica que dejen atrás comportamientos reprobables y predominio de las fechorías sustanciadas incluso en móviles ideológicos como los ultraderechistas, transgresores de elementales principios democráticos. Es tiempo de acabar con los desmanes, sobre todo los que infringen normas; y de adoptar medidas ejemplarizantes que hagan recuperar a la sociedad unos mínimos de confianza en la política y en los mecanismos que ésta sea capaz de confeccionar para protegerse de los delincuentes increscupulosos.

Que no tengan reparo los afectados, por cierto, en iniciar acciones de regreso, esto es, en promover las demandas que desnuden a los malhechores y acentúen sus comisiones delictivas si éstas, como se espera, resultan probadas.

Otro por cierto: la sociedad queda a la expectativa de las repercusiones que estas detenciones puedan tener en el caso Noos, donde quienes se llamaban y decían tener las manos limpias ejercen la acusación popular contra la infanta Cristina, hermana del Rey.

Pero el primer paso para desmontar esta red mafiosa, indecente y extorsionadora ya está dado.

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