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El bar de Pepe. Otegui se confiesa. Por Joaquín Hernández

Arnaldo Otegi ha contestado las preguntas de Jordi Évole para su programa Salvados en la 6ª Tv Tranquilo, relajado, Arnaldo se nos presenta ante las cámaras como una víctima del Estado Español. El etarra tiene un estomago a prueba de serpientes, una cabeza llena de fantasmas del pasado y sigue sin conciencia. Otegi no se ha cortado al manifestar que a su salida del trullo se ha dado cuenta que un gran sector de la sociedad española, a pesar de llevar 5 años de paz con la banda de asesinos terroristas etarras, sigue hablando del «pasado» y que “eso” no es bueno para un desarme y rendición total de ETA.

O sea Arnaldo Otegi, terrorista, secuestrador, instigador, apoyo logístico y brazo seudo político de los asesinos, pretende que no sigamos recordando el pasado. Lo dice como si el «pasado» no estuviera sembrado de 1.000 asesinatos y centenas de heridos y mutilados por las bombas lapas y las de miles de víctimas de toda índole, mayores, jóvenes y niños, lo dice como si ese «pasado» hubiera que borrarse de nuestra memoria, lo dice como si la memoria histórica sólo sirve para los crímenes de Franco, aquellos del tiro en la nuca, las cunetas y las fosas comunes. Habla de la paz como si hubiera sido un logro conseguido desde el mismo seno de la banda y miente como un bellaco, él sabe muy bien que fue el propio pueblo vasco, los propios ciudadanos de Euskadi que estando hartos, con un hartazgo descomunal de sangre y miedo, les dijo stop, se acabó; o lo acaban ustedes o nosotros acabamos con ustedes. Omite como la presión de Francia acojonó a la cúpula, a los capos de la mafia etarra. Que no nos venda milongas, él sabe muy bien que nunca habrá paz para los malvados, los fantasmas de los muertos les perseguirán toda la vida.

Confiesa que tiene la certeza que a una parte del Estado Español le interesaba que ETA continuase matando, incluso llega a decir que en la actualidad, esa parte del Estado español sigue interesado en que no desaparezcan los asesinos de ETA.

El país vasco, se ha trasformado de ser un territorio hostil, donde la extorsión, el secuestro, los asesinatos, el impuesto “revolucionario”, la ley del terror, un país que abandonaban miles de empresarios ante el temor a que la banda de asesinos pudiese atentar contra él y su familia, un país que nadie quería visitar. El miedo era tan enorme que solo pronunciar el nombre de Euskadi producía escalofríos, la kale borroka cada dos por tres por las calles de Bilbao o San Sebastián, cocteles molotov, agresiones, cargas policiales, ese era el espectáculo dantesco que se le ofrecía al turista, mejor dicho, a los pocos turistas que se arriesgaban a cruzar la línea roja de Euskal Herría.

La paz en Euskadi ha conseguido lo siguiente: El PIB de los vascos ha aumentado al 3,1%, la renta per cápita del año 2015 fue de 30.459 € superior a la media del resto del estado español. La tasa de paro (EPA) es de un 12,9%, un 50% menor que la española. El turismo ha crecido de manera increíble, más del 80% con respecto al año 2000, vuelven las sonrisas en el rostro de los vascos, se nota la falta de miedo que les tenía atenazados. Hoy se puede hablar de todo, o casi todo, ETA está aun activa, viva y coleando, si son ciertas las apreciaciones de Otegi respecto al interés de una parte del Estado por reavivar la matanza etarra, habrá que ir con pies de plomo. El pueblo vasco ya ha decidido, no hace falta ningún referéndum para reafirmar que todo el mundo quiere vivir en paz, sin importarles más historias que contarles, sólo quiere paz, comida, salud y trabajo, lo demás son monsergas de los ayatolas padres de la patria.

Arnaldo Otegi seguirá queriendo hablar de la patria vasca, seguirá diciéndonos sobre la libertad de Euskadi y dándonos lecciones de “demócrata” pero él sabe muy bien que su conciencia, si es que la tiene, no le dejará en paz el resto de sus días porque nunca habrá paz para los malvados.

 

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