FIRMAS

La ilustración gráfica de Trino. Por Salvador García Llanos

Trino Garriga, vestido para la ocasión, parecía un elegantísimo ‘gentleman’ británico el día que una selecta muestra de su trabajo fotográfico quedó expuesta en el Parlamento de Canarias. Recibió merecidos parabienes de quienes han heredado la ocupación de los escaños de la institución, de periodistas, de ujieres, de personal de la Cámara y de amigos (que son legión, ciertamente) que descubrieron y recrearon las Gráficas de una vida parlamentaria, título de la exposición, tan llena de matices y de gestualidad, de inmortalizaciones en blanco y negro, con muy poco posado, con mucho de saber captar el momento preciso, como una votación (a mano alzada) de la bancada nacionalista que simboliza la sublimación del parlamentarismo.

Garriga es la ilustración por antonomasia de la vida parlamentaria. Otros fotoperiodistas también la han plasmado -y con felices resultados, por cierto- pero en él siempre se detectó una sensibilidad que le ha hecho distinto. Los años de oficio, un impenitente sentido de la curiosidad -asumido en silente primera persona- y la propia experiencia venezolana, curtieron al profesional que terminó convirtiéndose en un artista del enfoque, de la precisión, del saber esperar y del disparador en el instante oportuno. Así, la obra de Trino Garriga fue creciendo hasta ser respetada y considerada como muy valiosa, una de las aportaciones gráficas más importantes en la historia de nuestra autonomía y del propio Parlamento de Canarias, institución a la que acude todas las mañanas para leer los periódicos y para saludar a sus señorías que le ven como uno más de la casa.

La colección de fotos de Trino Garriga es una invitación a recorrer las legislaturas -incluida la presente, aunque resultara anecdótico su empeño de sacar a la presidenta, la primera entre sus antecesores- y a evocar episodios que son la historia misma. Trino ha plasmado con sus cámaras la esencia de la cotidianeidad parlamentaria “con tal maestría que la simpleza de la concepción de su fotografía se hace arte”, tal como se señala en el catálogo.

Un apunte, por cierto, para Cristóbal García, fotoperiodista de la agencia Efe, comisario de la exposición y heredero, en alguna medida, de esa obra de Garriga que ya ha recibido varias distinciones, entre ellas, el premio Canarias de Comunicación en 2001. Cristóbal, por una indisposición, no pudo estar presente pero su celo, durante los preparativos de la convocatoria, se correspondió con la confianza que el maestro, el “notario gráfico” como fue bautizado, ha depositado en su gestión.

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