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Veinte años con ‘Esposados’. Por Eduardo García Rojas

Juan Carlos Fresnadillo tenía entonces 28 años y apenas se le notaban los nervios aunque por dentro estaba hecho un flan. No era para menos, quién iba a imaginarse que un tipo que hasta el día de ayer andaba en Tenerife fascinado por Kubrick y Lynch iba a recorrer la misma alfombra roja para asistir como invitado a la 69 edición de los Oscar de Hollywood por Esposados (1996), una película nominada en la categoría al Mejor Cortometraje junto al filme mejicano De tripas corazón, la danesa Ernst Lyset, la italiana Wordless y la estadounidense Dear Diary, un trabajo de la productora Dreamworks.

Al final no hubo sorpresa y el Oscar se lo llevó a casa Dear Diary, aunque Esposados un poco a tontas y a locas iba mientras tanto camino de convertirse en uno de los cortos más premiados de la historia del cine español al reunir casi medio centenar de distinciones que, en ese preciso instante, mientras Juan Carlos Fresnadillo pisaba los caprichosos pliegues de la alfombra roja, recibía un más que merecido espaldarazo con la nominación a la famosa estatuilla porque parecía un pasaje directo al sueño de Hollywood.

Mientras intentaba avanzar era entrevistado por algunos periodistas españoles que no salían del asombro. En Canarias, muchos madrugamos esa noche de marzo de 1997 con la esperanza de que obtuviera el Oscar tras serle arrebatado el Goya por el mismo trabajo en enero, un galardón que la Academia del Cine Español corregiría en 2001 al entregarle el Goya al mejor director revelación por Intacto.

Veinte años después, Esposados continúa siendo el mediometraje del milagro. Uno  de los primeros que animó a cineastas de las islas a dedicarse a esto del cine con la idea de pasear un día también por la alfombra roja. Tras Juan Carlos Fresnadillo, y en la misma categoría lo han hecho algunos cineastas españoles pero ninguno de ellos ha conseguido hasta ahora la carrera cinematográfica de un realizador que ha logrado que la fama no se le suba a la cabeza mientras con la paciencia de un cartujo se abre paso con un cine más plegado a la fantasía que a la siempre irritante realidad, en la Meca del Cine, Hollywood.

Lo que quizá no sepa mucha gente es que al principio Esposados no iba a ser Esposados sino Sorpresa y más tarde Adosados. El guión, escrito por Jesús Olmo y Fresnadillo había dado muchas vueltas y tras recibir una subvención de algo más de medio millón de pesetas del Ministerio de Cultura, comenzó a ponerse en marcha una producción que, capitaneada por Miguel Ángel Toledo, barajó en un primer momento los nombres de actrices como Loles León y Maribel Verdú para protagonizar a la sufrida esposa de esta comedia negra rodada en clave de misterio.

Los papeles protagónicos recayeron, finalmente, en Pedro María Sánchez, Anabel Alonso y Germán Cobos cuando se produjo otro de esos milagros de un mediometraje repleto de milagros: la unión de varias productoras de las islas como Zodiac Films, La Mirada, Papi Producciones y Juan Carlos Fresnadillo P.C., convencidas de que se tenía que hacer realidad una película que de doce minutos pasó a durar 24 para narrar con notable pulso cinematográfico las desventuras de un marido gafe, interpretado por Pedro María Sánchez, que pretende asesinar a su esposa, Anabel Alonso, tras tocarle a su mujer el gordo de Navidad.

Esposados se rodó en 35mm y en blanco y negro (la fotografía es de Juan Antonio Castaño, Mengues) y comenzó a dar síntomas de que estaba tocado por la diosa de la fortuna tras su estreno en las islas en marzo de 1997 y a proyectarse en festivales a finales de ese mismo año, tras arrasar, literalmente, en el Festival de Cine de Alcalá de Henares (Madrid), edición en la que jurado y público –que hasta ese entonces nunca habían coincidido en sus pareceres– le otorgaron los premios al mejor cortometraje, y Canal + los respaldó comprando los derechos de emisión para el programa Piezas.

El mediometraje se hizo más tarde con el premio del Festival Internacional de Gijón y la Semana de Cine de Mula (Murcia), y estuvo seleccionado como candidato a los Goya, los premios del cine español.

CINE NEGRO

“Confiaba en que les gustase a los americanos, porque tiene cierto aroma a cine negro de los años cuarenta y cincuenta, aunque en tono de comedia”, afirmaba Fresnadillo en una entrevista concedida a finales de los noventa y espacio en el que anunciaba que se desplazaba a Los Ángeles dos semanas antes de la ceremonia de entrega, el 24 de marzo, para promocionar la cinta en los Estados Unidos de Norteamérica.

Homenaje al cine negro pero también a la comedia española de los años 50, ácida y mordazmente crítica, el paso del tiempo apenas ha arañado este mediometraje que combina otros géneros e incluye una aún desconcertante escena de un sueño, clave para entender la sorpresa final, el guiño terrible cargado de humor vitriólico con el que se cierra un trabajo que, ¿hace falta decirlo?, hizo historia no solo en las islas que conforman este archipiélago cada día más alejado de la mano de los dioses, sino en un país como España tan acostumbrado a mirarse el ombligo…

Afortunadamente, y sentó precedente por ello, gracias a Esposados esa misma España tuvo que otear más allá del sur para descubrir que en lo más lejano de su territorio un grupo de locos, de desquiciados, de amantes del cine, había sido capaz de hacer Historia al colocar su película en los Oscar y que su equipo desfilara, como quien camina entre nubes aunque apenas se les notara, por esa ancha alfombra roja que está plagada de estrellas de carne y hueso.

Saludos, sobrevivimos, desde este lado del ordenador.

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