FIRMAS Salvador García

‘Lobby’ turístico. Por Salvador García Llanos

Se pregunta Momo Marrero, emprendedor y observador turístico, además de excelente creador de moda, qué hacer después de tantos registros de crecimiento y de récords que distinguen la pujanza en uno de los sostenes principales de nuestro sistema productivo, como es el sector servicios. Porque, por un lado, habrá que hacerse a la idea de que las actuales circunstancias de bonanza pueden invertirse; y por otro, es necesario reflexionar y analizar sobre el hipotético aprovechamiento, a medio y largo plazo, de todo lo que comporta este ciclo favorable: ¿basta con alardear de promociones imaginativas, seguir impulsando llenos en los establecimientos y reivindicar nuevas infraestructuras? ¿O debe haber margen para debatir el por qué de las carencias, las limitaciones y los descontentos consecuentes que pueden quebrar la fidelizació? ¿Es el momento para afrontar retos de innovación y crear o fortalecer soportes que nos metan más en las tripas del negocio turístico hasta sentirnos más dueños de su porvenir?

Habrá que replantearse, en ese sentido, la puesta en marcha de un ‘lobby’ turístico de ámbito internacional, idea que nunca cristalizó acaso porque no se profundizó en ella lo suficiente dentro del propio sector. El ‘lobby’, teóricamente, serviría para disponer de voz propia e influir en la capacidad de decisión en los núcleos principales de la esfera internacional. Si se persigue la competitividad como meta, es indispensable contar con recursos propios consistentes para posicionarse en mercados y dejar de estar constantemente supeditados a los vaivenes e intereses de los vectores del negocio. Canarias, destino turístico, ocupa, sobre el papel, un lugar privilegiado y sobresaliente pero, con la experiencia que atesora y con los asuntos aún pendientes de resolver en orden a mejorar y cualificar ese mismo destino, necesita de agentes profesionales que, en representación institucional pública y privada, obren con diligencia para que allí donde se discutan y adopten las decisiones importantes o de peso, estén presentes y traten de influir en la dirección más adecuada y beneficiosa para todos. No es de recibo que, a estas alturas, una buena parte de las determinaciones que afectan al sector turístico nacional se decida en una isla que no es canaria.

Hay que aplicarse entonces en disponer de turoperadores y agencia de viajes (OTA) propios, con capital y basamentos canarios, si es que se quiere ganar competitividad y si es que se pretende innovar y cualificar la oferta. Sobre todo, porque cualquier estrategia para consolidar y ampliar la conectividad aérea -otro de los elementos de la coyuntura pujante- pasa por disponer de ese ‘lobby’ turístico.

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