FIRMAS Francisco Pomares

A babor. Unicornios. Por Francisco Pomares

Investigadores de Kazajstán han desenterrado en las arenas del desierto un unicornio primigenio. Se trata del Sibiricu elasmotherium, un bicho peludo de la familia de los rinocerontes, con un cuerno de dos metros en la frente, extinguido -se creía- hace 350.000 años. Ahora resulta que no. Los restos son de hace menos de 30.000 años, contemporáneos del sapiens que cruzaba aquellas tierras desde África, camino del norte sibérico y del salto a América. Convivimos con unicornios, pues. Casi todos los mitos tienen su origen en lo real.

Pero hoy me toca hablarles del debate, lo siento, me pagan por esto: podría centrarse en los pormenores del asunto con la enjundia propia de la cosa, opinar sobre el planchazo de Noemí Santana con la RIC, calificada con desparpajo como «instrumento de evasión fiscal»; o sobre las parsimoniosas y medidas intervenciones del futurible aliado Antona; sobre los diagnósticos universales acerca del estado del Mundo (y satélites cercanos) salidos de la prodigiosa cabeza repeinada y mejor lengua de Román; sobre la socarronería del gran lagarto Curbelo; la inanidad repertorial y obligada del incombustible Ruano; o la saga y fuga paternal de Iñaki Lavandera y las gracias palmeras de su sustituto. Con todos ellos, y con un par de vueltas a los 19 folios numerados de Clavijo, su catálogo de héroes no tan anónimos y su colección de réplicas y dúplicas suavemente asesinas, podría construirles sin mucho esfuerzo esta tira y dos piedras, y dejar en el tintero grasa para cocinar la de mañana. Pero soy hombre de fantasías: me pone más que todo el debate, la declaración desapercibida de Clavijo, su mención a la necesidad de volar el discurso tradicional del victimismo y el descuido de los demás, reclamando que uno -al final, y salvo mala suerte- casi siempre cosecha lo que se merece. Clavijo es un político y lo dijo en positivo: Canarias es la única responsable de su destino…

Vale, es una buena noticia: después de veinte años de nacionalismo impostado, de mendicancia ramplona y de sobrealimento de complejos, de justificar todos nuestros fracasos como comunidad en los meandros del maltrato del Estado, Clavijo ha descubierto el nuevo unicornio del nacionalismo fetén: no se trata de renunciar a la denuncia del abandono, la desidia, la injusticia o el trato desigual, sino de incluir en el listado nuestra propia responsabilidad en esos y otros males, empezando a tratarnos a nosotros mismos como un pueblo adulto. Si lo que yo he entendido es lo que Clavijo ha dicho, se lo compro. Soy de la quinta de la Trova, y quiero creer que este unicornio es tan real como el que a Silvio le robaron, o como el mamut con un cuerno en la testuz que han sacado de la tierra en el Asia central. Pero hay que andarse con ojo: el nacionalismo es experto en vendernos ilusiones para sustituir mentiras gastadas. Ahora viene un hombre joven a decirnos que Canarias es cosa nuestra, que somos responsables de lo que pase, mientras se enfrasca encantado en la operación de descolgar a Gran Canaria del resto, porque eso es políticamente bueno para él y también para el otro, ese gran alcalde de pueblo chico que es Antonio Morales y que ha venido a inventar el insularismo progresista. Jo.

Nos hemos pasado los últimos cuatro años peleando contra el godo sin que ahí arriba se hayan siquiera inmutado (el único cabreado fue Soria, que es de aquí). Pero bastarán unos meses más de esta bronca local con Morales, para retroceder al lenguaje del 85 y los bastonazos de la Ley de Aguas. Y eso es capaz de cargarse cualquier animal de un solo cuerno. No quiero una Canarias en la que sólo sobrevivan los cabritos que tengan dos.

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