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“La idea de la novela nos llegó casi por inspiración divina”. Por Eduardo García Rojas

Una entrevista con Víctor Conde (Santa Cruz de Tenerife, 1973), seudónimo del escritor Alfredo Moreno Santana, y José Antonio Cotrina (Vitoria, España, 8 de julio de 1972).

– ¿Cómo se escribe una novela a cuatro manos?, ¿cómo se reprime, o no, la lucha de egos que suele desatarse entre escritores?

JOSÉ ANTONIO COTRINA: Hay que tener el esqueleto de la historia muy claro en la cabeza, para luego poder enfrentarse a él por separado.  Lo fundamental es coordinarse. Y creo que Víctor y yo lo hemos hecho muy bien. No ha habido tampoco ni conflictos ni roces.  Teníamos muy claro cuál era la parte que le tocaba a cada uno y la hemos sacado adelante sin problemas.

VÍCTOR CONDE: Sí que ha habido choque de egos… ¡por la envidia que le tenía a las fantásticas ideas que se le iban ocurriendo a Jose! (risas) No, es serio, todo ha ido como la seda, sin conflictos ni malos rollos. Ha sido fantástico, y yo creo que eso se refleja en la novela.

– ¿Y fraguan la idea que da origen a la novela?

JOSÉ ANTONIO COTRINA: Fue en Madrid, durante una Feria del Libro. Coincidimos y nos pusimos en plan tormenta de ideas exagerada. Ya habíamos intentando colaborar en una ocasión, pero la cosa no había terminado de fructificar y queríamos evitar que eso volviera a suceder. Salimos de Madrid con el esquema básico de la novela y con muchas ganas de ponernos a trabajar en ella.

VÍCTOR CONDE: De hecho, en aquellas horas muertas en la caseta de firmas obtuvimos algo muy importante, y es la línea argumental general del libro, cosa muy difícil de conseguir a priori. Saber de qué va una historia y sobre todo hacia dónde se dirige, cuál será su evolución lógica y su sorpresa final, es algo que normalmente llega tras mucho sudor y lágrimas. Pero aquella vez fue como una epifanía, nos llegó casi por inspiración divina.

– ¿Y cómo se dividieron el trabajo?

JOSÉ ANTONIO COTRINA: Hay dos líneas de acción que transcurren paralelas a lo largo de la obra. Una de ellas transcurre en Londres, a finales del siglo XIX, esa es la parte que escogió Víctor. Yo me quedé con la otra línea de acción, la que transcurre en Colapso, un mundo al borde del Apocalipsis en el que se derrumban cientos de realidades. Por supuesto ambas tramas se terminan entrecruzando.

VÍCTOR CONDE: Para que la historia pudiese ser contada necesitaba dos puntos de vista totalmente diferentes que confluyen al final en un todo, en una percepción gestáltica de la narración. Yo me encargué de una, quizá la más pausada y filosófica de las dos, mientras que Cotrina se ocupó de la más aventurera. Y quedó genial.

– ¿Qué situaciones y personaje asumió cada uno y por qué?

JOSÉ ANTONIO COTRINA: Víctor se quedó con Londres y con los aperimantes, con Logan y Riddly. Yo me quedé con Colapso y Rebeca, una saltadora de realidades. Me encanta idear escenarios fantásticos y con Rebeca y sus viajes tuve una posibilidad inmejorable para hacerlo. Ha sido un disfrute diseñar Amalgama, el mundo insecto, la ciudad muerta y el resto de lugares extraños que visita mi protagonista.

VÍCTOR CONDE: …Y a mí me encanta divagar sobre los mundos imposibles, los que desafían la cordura humana y llevan los fundamentos de la realidad al límite. Las escenas de la Madre Máquina y de la búsqueda del Hysmon, la última puerta, son paradigmáticas en este sentido.

– ¿Se convertirá en una serie Las puertas del infinito?

JOSÉ ANTONIO COTRINA: No sé Víctor, pero yo nunca he tenido en mente la posibilidad de continuar el libro. Para mí no necesita segunda parte.

VÍCTOR CONDE: Para mí tampoco, es una historia perfectamente autoconclusiva que contó lo que tenía que contar. Aunque quién sabe…

– Leo por ahí que en esta novela planea la influencia de escritores anglosajones como C.S. Lewis, entre otros. ¿Es correcto?

JOSÉ ANTONIO COTRINA: Quizá en Víctor. Creo que las influencias más claras que se pueden encontrar en esta novela en mi parte son Clive Barker y Tim Powers, dos de mis autores fetiche.

VÍCTOR CONDE: En mi caso Lewis tampoco es una referencia, ni ninguno de los Inklings. ¡Ni siquiera Williams o Tolkien! No, las fuentes de inspiración de este libro hay que ir a buscarlas más bien a los cómics de la revista francesa Metal Hurlant.

– Coinciden en aficiones y gustos por el género, pero ¿qué literatura, y literatura fantástica gusta a Víctor Conde y José Antonio Cotrina?

JOSÉ ANTONIO COTRINA: Yo soy un amante de la fantasía oscura, de los géneros híbridos. Es lo que más disfruto leyendo y lo que más me gusta escribir.

VÍCTOR CONDE: Yo personalmente me he criado en la ciencia ficción, en la fantasía para adultos y en la fantasía épica a lo Tolkien.

– Una de las claves de Las puertas del infinito es la aperimancia… ¿Qué es la aperimancia?, ¿continuarán explotando este recurso en próximas novelas que escriban juntos o por separado?

JOSÉ ANTONIO COTRINA: La aperimancia es uno de los aportes de Víctor a la novela. No sé si él volverá a utilizarla en alguna otra historia, yo por mi parte no me veo recurriendo a ella en el futuro. Tengo otras historias en mente. Y otras magias.

VÍCTOR CONDE: Digamos que es un concepto que se inventó para esta novela y este mundo. Otras novelas requerirán sus propios neologismos, y sus propios mundos.

– ¿Y qué fue lo mejor, y lo peor, de escribir esta novela?

JOSÉ ANTONIO COTRINA: Lo mejor todo el proceso. Lo peor… No creo que esa sea la palabra… digamos que lo más duro fue dar con el epílogo final, la pieza clave que termina de cuadrar la novela. Tuvimos que darle un par de vueltas hasta encontrar el giro adecuado.

VÍCTOR CONDE: ¡Y el título! Estuvimos haciendo brainstorming durante meses, con la editorial también involucrada, para poder dar con el título perfecto. Fue agotador.

– No obstante, imagino que para escribir una novela a cuatro manos hay que saber ceder… aunque no sé si ceder es la palabra adecuada.

JOSÉ ANTONIO COTRINA: Lo que hay que saber es colaborar. Hay que tener muy claro que el resultado final, si el trabajo está bien hecho, no va a ser una novela que se pueda identificar claramente como una obra de José Antonio Cotrina o de Víctor Conde, sino algo completamente diferente. Algo que ninguno de los dos podríamos haber escrito por separado.

VÍCTOR CONDE: En otras ocasiones en las que he intentado aliarme con otros escritores para redactar algo conjunto no ha salido bien, ya fuera por choque de puntos de vista, o por incompatibilidad de estilos, etc. Pero con José Antonio la cosa ha sido más bien un “vaya, tenemos procesos mentales similares, tú y yo. Y afinidades creativas comunes”. Eso hizo que todo fuera un enriquecerse mutuamente en lugar de un irse peleando a cada página.

– Leo también por ahí que es una novela steampunk. ¿Steampunk?

JOSÉ ANTONIO COTRINA: Tienes unos toques, sobre todo en la parte de Víctor. Aunque yo creo que esta novela trasciende de etiquetas, es un vuelo fantástico a lo más profundo de nuestra imaginación conjunta.

VÍCTOR CONDE: No, yo no diría que esto es steampunk. Es más bien Metal Hurlant.

Saludos, en una galaxia muy, muy lejana…, desde este lado del ordenador.

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