FIRMAS Francisco Pomares

A babor. El estado de la cosa. Por Francisco Pomares

Mientras el Gobierno de España sigue atrincherado en su negativa a dar cuentas al Congreso, siquiera contestando a las preguntas escritas que sus señorías hacen a los ministros en funciones, el Gobierno de nuestra España tropical se prepara esta semana para su primer debate sobre el Estado de la Nacionalidad. El Gobierno llega a su primer año de legislatura marcado por una ejecutoria sin demasiados conflictos reales, en la que la personalidad de Fernando Clavijo, lo que podríamos definir como su «estilo político», ha logrado desviar la atención de los asuntos más preocupantes y rebajar la tensión a la que el Gobierno anterior y el de España nos tenían acostumbrados. Clavijo ha conseguido mantener una relación cordial con Madrid y sus embajadores más o menos plenipotenciarios, sin que eso provoque conflictos en un Gobierno de coalición con los socialistas. Los problemas políticos con el PSOE -que los hay- son más fruto de los incumplimientos del pacto en algunos ayuntamientos, enfrentamientos que nadie (ni en el PSOE ni en Coalición) parece demasiado ocupado en resolver, y de la posición de Clavijo en relación con el mayor problema político que ya define esta legislatura, que es la distinta geografía de los pactos en Gran Canaria y en el resto de las islas. En Gran Canaria, una casi inexistente Coalición ha quedado fuera de todas las mayorías importantes, vertebradas en torno a pactos de izquierda entre Nueva Canarias, el PSOE y Podemos.

Personalmente, creo que Clavijo se equivocó no apostando por la integración de Nueva Canarias en el Gobierno regional, lo que habría suavizado las aristas de esa «doble geografía» del poder. Quizá optó por lo que le parecía más cómodo, o por su propio protagonismo en el Gobierno, frente al de un más experimentado Román Rodríguez… sea por lo que sea, lo cierto es que el actual diseño del poder político en Canarias circula en torno al Gobierno de Clavijo y la oposición grancanaria de Antonio Morales, convertido en referente principal de Nueva Canarias, y en portavoz principal de la crítica a las políticas del Gobierno. Esas críticas -algunas en un tono mucho más duro del que cabría esperar en el primer año- se producen casi a diario a todas las actuaciones del Gobierno de Canarias, pero se han centrado fundamentalmente en las dos medidas de más impacto planteadas por el Gobierno: un sobrevalorado plan de inversiones con los fondos del IGTE, y la propuesta de borrador para la Ley del Suelo. En ambas cuestiones, en la primera después de alguna errática propuesta de reparto, Clavijo ha conseguido el apoyo masivo de los alcaldes y presidentes de Cabildo de Canarias, con las excepciones ya descritas en la isla redonda. Sin duda, es un éxito táctico sumar a los alcaldes del PSOE, del PP y a Casimiro Curbelo a sus propuestas, aislando a Morales. Pero la táctica está a veces reñida con la estrategia: cada paso en dirección a aislar a Morales lo refuerza en Gran Canaria, y aleja a Nueva Canarias del entendimiento nacionalista.

Clavijo prepara ahora una declaración parlamentaria unánime sobre la financiación y el REF. Será otro éxito. Pero enfrente tiene la reforma del sistema electoral, y ahí la ensayada fórmula de contar con el apoyo de los alcaldes y presidentes de cabildos no va a ser bastante. Para gobernar Canarias los tres años que quedan de legislatura, el juego de Clavijo es más que suficiente, desde luego. Pero para construir país, es preciso arreglar la división nacionalista y poner sobre la mesa una idea de Canarias, si alguien la tiene. Dentro de tres años va a haber más gente -y más ideas- en el juego.

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