FIRMAS Salvador García

Estación de Guaguas versus Puerto. Por Salvador García Llanos

Si las cuestiones se miden por números, hay resultados que no ofrecen dudas. Y no solo permiten interpretar preferencias sino hasta sentimientos. Claro que hay factores que relativizan y entonces el fondo debe ser analizado con más detenimiento.

Sirva la introducción para entender los recientes registros de una red social a propósito de dos infraestructuras o dos proyectos en el Puerto de la Cruz que son contemplados de muy distinta manera.

Uno, la estación de guaguas. Por si alguien lo desconoce: la anterior ha sido clausurada por razones de seguridad, la actuación para sustituirla está condicionada por una plena disponibilidad de suelo –gestión administrativa que se ha eternizado- y actualmente hay unas dependencias provisionales para la entidad prestataria del servicio mientras que los usuarios aguardan en aceras y marquesinas, al sol que más calienta, al frío que incomoda o con difícil resguardo de la lluvia cuando cae. O sea, en condiciones manifiestamente mejorables.

Claro que no es la mejor entrada o salida de la ciudad. O si se quiere, no está a la altura, ni mucho menos, de un destino turístico bien considerado ni de las exigencias básicas de una sociedad moderna.

Pues bien, esa necesidad perentoria solo ha producido trescientas noventa y siete firmas en un sitio web, ‘change.org’, dedicado a la libre participación social reivindicativa.

Dos, el proyecto de un puerto, secular aspiración del municipio y frustración palpable de sus habitantes al no haberse podido materializar, estimado ahora poco menos que panacea de la decadencia que padece. No importan los sesgos ni las manipulaciones ni la desinformación ni los condicionantes. Ni siquiera los absurdos de los sueños cruceristas, también esgrimidos a conveniencia como si no alimentaran la frustración, mientras se olvidan de que el grueso de los turistas llega a la isla en avión.

Pues bien, sin mermar un ápice la aspiración popular y aún cuando sea discutible la necesidad de la infraestructura -hay otras cosas que parecen más apremiantes-, el presidente del Cabildo Insular -en un respetable empeño político y personal por defender esta causa, en la que cree- ha logrado reunir a más de dos mil personas en un grupo específico que él mismo ha creado en la red social ‘facebook’. Se pretende, así, un espacio para informar, aclarar, precisar y hasta admitir sugerencias. O sea, fomentar el interés y la participación. Otra cosa es que el método, a la larga, resulte eficaz y no dé pie a otras desnaturalizaciones. Pero, bueno, ese es otro cantar.

En definitiva, que con el termómetro de las demandas sociales sobre la mesa, contrastadas estrictamente -a título indicativo, desde el punto de vista numérico-, a mucha gente le da igual que el servicio de transporte público se siga prestando en las actuales condiciones y con manifiesta incertidumbre sobre el futuro; le da lo mismo que los turistas se lleven la peor de las impresiones y que los usuarios, a cualquier hora, padezcan las insuficiencias, las incomodidades y hasta la inseguridad.

Hay más gente que se ha “embarcado” -y no queda más remedio que entrecomillar el término- en otra actuación, por muy controvertida que resulte en una insólita fase preliminar.

La disparidad es evidente. 

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