FIRMAS

¿Te emocionas varias veces al día? Por Manuel Herrador Calatrava

Parece una pregunta pretenciosa y exagerada, pero nada más lejos de la realidad. Nada más necesario para nuestra propia felicidad.

No se trata de un sentimiento caduco, apocado o en desuso, ni mucho menos. Es más, si usted se emociona con asiduidad, si con frecuencia se le humedecen los ojos ante determinadas situaciones, entonces es que usted es una persona sensible, noble y buena. ¡Está vivo! Así lo he podido comprobar repetidamente a lo largo de mi vida.

A la gente buena, a la buena gente, se le saltan las lágrimas cuando le demuestras y le transmites, improvisadamente, que la quieres. Y si no llora abiertamente en ocasiones, es por ocultar en público sus sentimientos más profundos y personales. Las personas grandes se estremecen por el noble abrazo de un niño que rodea sus piernas y le lanza su agradecida mirada desde un metro más abajo; se emocionan por una manifestación artística de calidad; las mujeres y los hombres de bien se descontrolan frente a las acciones de éxito de sus semejantes, aún incluso cuando estos son meros desconocidos.

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Si un pequeño detalle que recibes inesperadamente, sin motivo, o un mensaje telefónico en el que te dicen que te quieren o que te echan de menos, te altera y emociona, si una ayuda que te prestan sin tú solicitarla, o si al recibir el reconocimiento explícito hacia tus virtudes personales o profesionales lloras, si al regalarte un gesto de cariño hecho por alguien a quien respetas y valoras o si cuando te dedican un “te admiro” si te sientes débil y necesitado de comprensión, cierras los ojos en silencio, y si cuando tus mayores o tus profesores te dan una palmadita de impulso y de ánimo tras el esfuerzo que has realizado, te impresiona y te derrite, eso, significa que estás forjado desde la base de los principios vitales más nobles y bondadosos, más limpios y serenos, más insignes y distinguidos.

Emocionarse y llorar cuando pierdes a un ser querido es lo común y lo lógico. Hacerlo ante una mala noticia es propio de una reacción humana totalmente esperada y comprensible. Lo que marca la diferencia es hacerlo no ante la adversidad o el infortunio, que también, sino frente a la felicidad, la alegría y lo positivo. Y la vida, nos presenta tantas buenas oportunidades para llorar, disfrutar y emocionarnos de felicidad, cada día, que ya estoy esperando con ansiedad que llegue mañana para volver a sorprenderme y conmoverme con cualquier buena acción, hacia mí o hacia los demás, eso da igual; me apetece mucho que amanezca en unas pocas horas para comenzar cargado de ilusión un nuevo día y disfrutar de un nuevo reto laboral, compartiendo profesionalidad y aprendiendo más oficio; tengo ganas de sorprenderme al sumar una nueva amistad, del premio de recibir un beso sincero de alguno de los que me rodearán a lo largo del día.

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Cuando el viaje por la vida nos sigue excitando jornada a jornada, nos acciona e impulsa hacia proyectos desconocidos y deseados, nos invita a reposar en la reflexión sosegada y tranquila, y todo ello fabricando lágrimas de emoción curativa, de gratitud humilde y de reconocimiento consciente, es que –afortunadamente- aún no hemos llegado a la casilla última del juego de nuestra vida y estamos mejor que nunca, potentes, valorando lo que sí merece la pena valorar y disfrutando de las cosas, los momentos y las personas que, realmente, construyen la auténtica felicidad.

¡Y si no controlamos la emoción, mejor!

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