FIRMAS Marisol Ayala

Enfermos que estorban. Por Marisol Ayala

¿Recuerdan? En enero de 2014 el ex presidente del gobierno canario Paulino Rivero se vino arriba y arremetió contra los familiares de enfermos crónicos que los muy bandidos desajustan el sistema sanitario público negándose a llevar a casa a los abuelos, padres o madres ingresados. Dijo el amigo de Wili García, Paulino, que en los hospitales canarios habían 400 camas bloqueadas por enfermos de ese perfil porque, claro, y ahí lanzó el dardo, los despreciables familiares “sabiendo que tienen el alta hospitalaria no los recogen porque no tienen familia para hacerse cargo de ellos”.

Una lumbrera el marqués de El Sauzal. De eso hace tres años y en Canarias la situación de los pacientes crónicos ha empeorado de una manera asombrosa y por eso es lógico que los familiares se atrincheren en los hospitales para no perder la soñada cama. Rivero lo dijo, se fue a casa, se acurrucó en su medicina privada y a los usuarios, que les den. Los cifras dicen que en la sanidad canaria desde que comenzó la crisis se han recortado unos 300 millones de euros, es decir, en personal, en quirófanos, en camas, en cierre de especialidades y la evidencia de que hospitales que nacieron para curar a los sanos están desbordados por enfermos que viven sin dignidad el ocaso de sus vidas.

Ahora tenemos a Clavijo y de rebote a Jesús Morera, comandante en jefe de Sanidad por los servicios prestados. El contento es poco, más bien ninguno. No veo que se hayan interesado mínimamente por un plan que permita ubicar a enfermos crónicos en lugares dignos. Pero bueno, han hecho algo sí. Han dado una orden no escrita que consiste en que un sanitario entre a la habitación y para intimidar a los familiares preguntarles: “¿Y ustedes no tienen un plan B para este hombre?”, señalando al enfermo.

Esa gente da miedo. Mucho miedo.

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