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‘La otra vida de Ned Blackbird’, una novela de Alexis Ravelo. Por Eduardo García Rojas

«A Ascanio aún le dolía la presencia de Ana en la casa: sus libros, sus películas, sus discos, sus cuadros. Empezaba a cansarse de la costumbre de algunas personas de no irse del todo. Igual que Celia Andrade, Ana se negaba a marcharse de la casa. La negativa de la vieja le causaba estupor, sorpresa y curiosidad. La de Ana le producía un dolor tan lacerante que era imposible encerrarlo en la palabra tristeza. Hubiera tenido que inventar una palabra nueva para describirlo. Una palabra aguda, persistentes. Una palabra con claves herrumbrosos y afilados. Con cristales molidos y tierra en el paladar. Una palabra con sonido a puerta que chirría, con olor a tiza.”

(La otra vida de Ned Blackbird, Alexis Ravelo. Colección: Nuevos Tiempos, Siruela, 2016)

Alexis Ravelo es un escritor en el que se da una ingeniosa combinación entre contador de historias e imaginativo fabulador de sátiras sociales cuya veta ha explotado –con cabeza y mano de minero– en una serie de novelas negras y criminales por las que ha alcanzado justo reconocimiento entre lectores y críticos, y género en el que ha cosechado algunos de los más reconocidos premios nacionales e internacionales como el Hammet y el Getafe Negro, entre otros.

Acostumbrado a despistar a sus seguidores, porque Alexis Ravelo es un escritor que cuenta con seguidores, público que lo sigue lealmente y que espera, figuradamente con la lengua fuera, un nuevo título que lleve su firma y probablemente con ganas de distanciarse –al menos de momento– de la literatura policíaca, su última novela, La otra vida de Ned Blackbird, no tiene nada que ver con el género aunque sí… puntos suspensivos que se dejan con el ánimo y el entusiasmo de generar debate sobre todo cuando el lector ya iniciado en las intrigas de Ravelo descubre que en este nuevo libro propone una investigación, con tintes fantásticos si se quiere, en torno a una misteriosa mujer que le sirve, además, para reflexionar sobre literatura y esa larga lista de escritores que prefirieron firmar su obra con pseudónimos como fue el caso de B. Traven, William Irish, Nicholas Blake, Pauline Réage, Vernon Sullivan… todos citados por Alexis Ravelo en esta novela, y nómina a la que añade a M. A. West, autor que, como saben todos los que conocen su universo literario, es él mismo…

Pero ésta es una sutil broma en una novela que está repleta de juegos y referencias literarias, pero que tiene una saludable vocación de entretenimiento ligeramente trascendental más que, afortunadamente, de tubo de ensayo para experimentar con la literatura, que no deja de ser una herramienta a través de la cual se pueden construir o deshacer historias o mezclar con notable pulso narrativo, cuatro tramas que al final confluyen en una sola. Y para no confundir al lector se requiere para ello mucha habilidad y oficio como escritor, dos cualidades que le sobran a Alexis Ravelo.

La otra vida de Ned Blackbird consta de cuatro partes y una advertencia: “no existe forma no-convencional de contar historia alguna salvo el silencio, que es, precisamente, lo que todo relato pretende construir.” Y dicho así, parece que Ravelo pretende hacer más caso a ese silencio que al latido sonoro de la palabra pero tampoco es eso… Porque esta novela que cuenta con capas que a medida que se avanza en la lectura se deshacen con desconcertante facilidad, cuida también la construcción de personajes y la creación de atmósferas mientras se desdobla en un sentido y en otro porque por encima de estos personajes destacan dos cuyas iniciales son las mismas, aunque no revelaremos si sus intenciones son semejantes: Carlos Ascanio y Celia Andrade, hombre y mujer que son ying y yang. Opuestos que se atraen y que dotan de espesor la extraña relación que los une en un relato que no llega a las doscientas páginas, pero que hemos leído con calculada lentitud porque se tiene la sensación de que cada una de ellas resulta imprescindible.

Se trata al parecer esta novela de un viejo manuscrito que Alexis Ravelo había dejado dormido en la memoria de su ordenador. Sospecho que se trataba de uno de esos textos en los que se trabaja y trabaja con puntual insistencia porque las claves que suscita iban marcando al autor el itinerario que debía de transitar. El resumen de qué trata se puede leer en la contraportada, pero poco orienta, la verdad, sobre su contenido porque estamos ante una de historia abierta, uno de esos libros que dejan de pertenecer a su autor.

La otra vida de Ned Blackbird se mueve en un universo nuevo para Alexis Ravelo.

¿Por qué?

Quienes conocen su trabajo saben que un protagonista fundamental de sus novelas es Las Palmas de Gran Canaria aunque la capital se diluye en La otra vida de Ned Blackbird al ubicarse en dos pequeñas y provincianas ciudades que son fruto de su imaginación: Los Álamos y San Expósito. En la primera, se puede disfrutar de unos deliciosos pasteles que se llaman despechaditos… Pasteles que combinan lo dulce con lo amargo y cuyo origen esconde una historia muy hermosa y profética.

Se trata de una novela que habla también de identidad y de la lucha de la mujer por hacerse espacio en un mundo de hombres pero sobre todo más que hablar se escribe sobre el amor. Y sin caer en lo cursi. Alexis Ravelo evita hundirse en esa sima al recurrir al fantástico, pero un fantástico muy pegado a la tierra.

Así que si el escritor lo que pretendía con esta novela era demostrar que era capaz de enfrentarse a toda clase de géneros, supera la prueba con notable pericia narrativa porque La otra vida de Ned Blackbird no pierde el norte y revela a un autor cuyo universo narrativo va más allá de esos dos clásicos de nuestro tiempo que son La estrategia del pequinésLa última tumba.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador.

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