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Hablar en público no es un don, es una técnica. Por Manuel Herrador Calatrava

A COMUNICAR ADECUADAMENTE SEGÚN CADA SITUACIÓN, A SER COMPRENSIBLES E INTUITIVOS EN NUESTRO MENSAJE, A NO DESPERTAR EL ABURRIMIENTO CUANDO COMPARECEMOS EN PÚBLICO O FRENTE A MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y A TRANSMITIR CON EXACTITUD UNA IDEA A TRAVÉS DE LA VOZ Y LOS GESTOS, SE APRENDE. EN LA TRANSMISIÓN PROFESIONAL DEL MENSAJE, EL BIEN SOBRENATURAL NO EJERCE.

Que sabemos comunicarnos en el ámbito coloquial y que a todos se nos entiende cuanto decimos, está claro. Que en nuestras relaciones familiares y de amistad no tenemos problemas para transmitir emociones, sentimientos y actitudes, es una realidad. Pero que a la hora de comparecer en público, frente a personas que no conocemos, ante medios de comunicación audiovisual y teniendo que proyectar una imagen que viene determinada por nuestro rol profesional, empresarial o político, ese, es otro tema bastante diferente.

Miedo a hablar en público

Aunque si usted pertenece al grupo de personas que siente pavor a subirse a un escenario o a colocarse tras un atril para hablarle a un público que le clava sus ojos y que le envuelve de un temor –pánico- que anula su naturalidad expresiva convirtiéndole así en un enemigo de la comunicación oral, entonces, si pertenece a ese grupo, tranquilo, usted forma parte de la mayoría, es decir, es absolutamente normal.

Ahora bien, ¿quiere mejorar y aprender a combatir esa sensación?, entonces debe activar sus ganas de cambiar esa tensión extrema por las de dominar la situación y entrar a formar parte del extraordinario mundo de la oratoria, de la comunicación audiovisual, del dominio de las presentaciones, del éxito tras un discurso bien pronunciado, de la gratitud del público al recibir sus consejos como ponente y, así, un largo etcétera de circunstancias laborales en las que nuestra presencia frente a personas que se han molestado en acudir a nuestro llamamiento requiere la máxima dedicación, calidad y rigor comunicativo.

Ya; ya sé que ahora está pensando en mí diciendo eso de “qué fácil lo pones, Manuel”; me hago cargo. Pero la más cruda realidad es que dar el salto, salir de la mediocridad y empezar a disfrutar nosotros mismos permitiendo, a la vez, que el resto de oyentes también lo hagan, no solo es posible, es obligado. Si en nuestra vida real somos capaces de reír, llorar, sufrir, alegrarnos, sorprendernos o entristecer, significa que tendremos capacidad de hacerlo en el momento en el que la situación lo requiera porque, insisto, es tan sencillo como conocer las pautas, las técnicas y el dominio de las herramientas naturales que todos, “todos sin excepción”, poseemos.

Depende de usted, de su voluntad, de las ganas de abandonar lo vulgar y acometer lo elegante, del propósito personal de mejorar y distanciarse de la mediocridad que le rodea, de activar resortes de mejora individual para alcanzar nuevas sensaciones, retos del máximo nivel profesional y, mientras tanto, gozar del merecido conocimiento y la satisfacción de lograr una capacidad de superación que tras el esfuerzo dignifica y ennoblece nuestra actividad profesional a la vez que, en obligada cortesía, devuelve a quien nos escucha el mensaje correcto, con sus matices y emociones, con sus sentimientos y expresiones, con sus gestos y conceptos, o sea, con la naturalidad y credibilidad que nuestros receptores merecen.

Platón

La oratoria, es ganarse la voluntad humana a través de la palabra”

(PLATÓN, filósofo griego, seguidor de Sócrates y maestro de Aristóteles)

 

[mnlherrador@gmail.com]

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