FIRMAS Francisco Pomares

A babor. De privilegios, contradicciones y linchamientos. Por Francisco Pomares

En España nos hace falta un debate de verdad sobre los privilegios de nuestra clase dirigente. No sólo sobre esos privilegios menores que suponen ser obsequiado con una tarjeta Iberia Plus para entrar en la sala VIP de un aeropuerto, o con un pase para el palco del Estadio. A mí me preocupan más los privilegios de oro macizo, como el aforamiento de sus señorías, una práctica lógica en tiempos de monarquías absolutistas, donde había que proteger a los representantes del pueblo del poder del rey, pero que es probablemente innecesaria hoy día. Creo que es necesario avanzar hacia una sociedad con menos diferencias, no sólo entre los ricos y los pobres -esa es la diferencia fundamental- sino también entre los poderosos y los que no lo son, entre quienes nos administran y quienes somos administrados. Pero hay que procurar no perder el sentido común: Podemos ha satanizado el uso de las salas de autoridades, obviando que desviar a determinadas personas -jefes de Estado y de Gobierno, por ejemplo- al circuito cerrado y permanente de la sala de autoridades, resulta mucho más lógico que establecer mecanismos de control de accesos y de seguridad que incordiarían a los usuarios del común y serían muy costosos.

Viene esto a cuento de que la famosa (probablemente a su pesar) diputada Rosell ha protagonizado un extraño incidente, inmediatamente propagandeado por el delegado del Gobierno en Canarias, que incluso ha comparecido ante canales de televisión de ámbito nacional para hablar del asunto. Según el delegado, la diputada se encaró agriamente con un funcionario de AENA que no le permitió acceder a la sala de autoridades. Ella niega la mayor, asegura que sólo preguntó sobre su uso por el ministro Soria, algo que debería haber hecho en una pregunta parlamentaria, si tanto le interesan las costumbres y privilegios del ministro. La cosa es que ya estamos otra vez pendientes de un incidente ridículo en extremo, presentado como un asunto de Estado. Desde mi punto de vista, sólo se trata de otra contradicción más en el discurso inane de la política actual: si Podemos está en contra de las salas de autoridades, en contra de viajar en preferente, en contra de cualquier privilegio en función de los cargos, que no los usen y que reclamen su desaparición. Pero, por favor, dejen de marearnos con las cartas que mandan para rechazar invitaciones al palco para ver espectáculos. No aceptar invitaciones es un asunto privado. Nadie es mejor persona ni peor político por viajar en turista o por preferir esperar en un aeropuerto en una sala reservada. Rechazo el uso demagógico que desde Podemos se hace de estos asuntos. Están confundiendo la virtud pública con la escenografía de un puritanismo obsceno. Y los van a cazar uno a uno cada vez que sus gestos privados entren en contradicción con sus declaraciones públicas. Hacerlo forma parte de la lógica cainita de la política actual. Y es inevitable. Aunque conmigo no van a contar para linchamientos. Y contra la jueza de Podemos se está organizando un linchamiento moral, no demasiado diferente en el fondo al que en este país hemos aceptado contra todo político acusado de cualquier cosa, pasándonos la presunción de inocencia por el arco de triunfo. A quienes inspiran linchamientos, conviene recordarles que el que a hierro mata suele morir también a hierro. Y eso vale para todos, políticos, periodistas y cantantes de rap. Es una suerte de ley natural.

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