FIRMAS Francisco Pomares

A babor. Cuentas y espejismos. Por Francisco Pomares

Rosa Dávila, consejera de los dineros en el Gobierno de Canarias, ha sumado una llamativa cuenta, que presentó en el Parlamento de Canarias. Según la consejera, Canarias deja de recibir cada día casi dos millones de euros por los retrasos en la constitución del nuevo Gobierno de la nación. Doña Rosa tuvo la gentileza de aclarar a sus señorías y resto de oyentes su chiripitifláutica y sorprendente afirmación: la cuestión es que mientras el Gobierno Rajoy siga en funciones, mientras no se constituya el nuevo, no hay quien se ocupe de negociar el modelo de financiación estatal a las Comunidades Autónomas, y cada día que pasa sin que el Estado acepte las peticiones canarias en materia de financiación, pues es un dinero que aquí dejamos de cobrar. Como ven, el cálculo de la consejera de Hacienda es más fruto de un deseo que de un hecho: nadie ha dicho que Canarias vaya necesariamente a mejorar su participación en el reparto de los fondos con el nuevo modelo de financiación.

Con la misma calculadora usada para explicar lo que perdemos mientras en las Cortes se entretienen por los pasillos, la consejera nos dice que entre 2009 -cuando se aprobó el sistema actual de reparto de fondos estatales- y 2013, Canarias perdió la friolera de 3.500 millones que en justicia nos habrían correspondido. A lo que se ve -tirando de una simple regla de tres- antes, y con el mismo sistema, perdíamos más de lo que perdemos ahora.

Pero eso son sumas y restas de números irreales, cuentas que se corresponden solo con nuestros deseos. Ese dinero no pasará jamás a formar parte de ninguna deuda histórica, ni habrá administración regional que pueda llegar a reclamarlo con éxito ante Madrid, ni argumento alguno para poder revindicar el cómputo de una cuenta que no tiene que ver con la que el Gobierno de Paulino Rivero aceptó y firmó. El hecho en verdad denunciable es que con el acuerdo sobre financiación suscrito alegremente por Rivero, Canarias quedó por debajo de la media nacional de financiación en 300 euros por habitante y año, más de 600 millones anuales. Un verdadero desastre, que ha provocado estos últimos años que la apretura sobre servicios sociales y estado del bienestar haya sido muy superior a la que tendría que haberse hecho.

Pero conviene recordar que no basta con ir a un nuevo modelo de financiación -cuando algún día haya un nuevo Gobierno, ojalá más pronto que tarde- para que esa situación de injusto desequilibrio se vaya a resolver. La presión financiera de Cataluña, y ahora de Galicia y Valencia, no parece que vaya a facilitar precisamente una solución favorable a los intereses de las islas…

Yo comprendo que la señora Dávila quiera resolver cuanto antes este asunto de la financiación -porque ya toca y porque va a ser sin duda una de las negociaciones claves de esta legislatura- pero yo cruzaría los dedos y rezaría aquella vieja oración de «Virgencita, que me quede como estoy…». Porque no basta con pedir y tener razón para que te den lo que pides. Y no está nada claro que las cosas vayan a ser mejor para las islas en esta legislatura o -si el Gobierno no prospera- en la próxima que nos toque. De momento, la expectativa de una financiación mejor es apenas un espejismo.

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