FIRMAS Salvador García

¿Consejero o ministro? Por Salvador García Llanos

¿Consejero o ministro? Da igual, esas dudas semánticas, tan abundantes, en la controversia nacional, para unos son secundarias y para otros ni existen. Todo se andará.

El caso es que Raúl Romeva, ¿consejero o ministro? de Asuntos Exteriores, Relaciones Institucionales y Transparencia de la Generalitat de Catalunya, se presenta, vía episotolar, ante el presidente del parlamento Europeo (PE), solicitándole su apoyo “para afrontar los formidables desafíos y las tareas” que les “han encomendado democráticamente los ciudadanos”.

Una perla más. Como las ironías con que despacha el presidente de la Generalitat el comportamiento del Tribunal Constitucional. Tremendo: mientras el vaivén de las negociaciones para formar gobierno en España sigue su curso, los catalanes aprovechan no para meter presión sino para avanzar en sus pretensiones. Si no hacen caso al Constitucional, se dirá, esto ya es imparable.

Claro que el Gobierno de España está en funciones, de acuerdo; pero el Estado de derecho, mientras no se modifique la Constitución, es inamovible. ¿Entonces? Una pregunta es inevitable: ¿Se pueden saltar a la torera tan alegremente el Estado de derecho?

Es una carrera sin freno y sin control. El “particularismo catalán”, definió don Manuel Azaña ya desde el exilio. Esta vez, con Romeva, unos metros -¿o serán kilómetros?- más: “Es la primera vez que el Gobierno de Catalunya concede el rango de ministerio al departamento encargado del área de Asuntos Exteriores” Y continúa explicando el ¿consejero o ministro?: “Esto destaca la importancia que nuestro Gobierno da al diálogo y al intercambio con nuestros socios internacionales, y de forma notable a los europeos, en todos los asuntos, incluyendo los relacionados con el futuro político de nuestro país y nuestro compromiso constructivo dentro de la UE”. Inefable.

Un territorio que decide tomar el camino de la soberanía queda al margen de la Unión Europea. Vendría luego la solicitud de admisión y tal y tal pero, mientras tanto, ¿el coste de ese proceso?

Horas difíciles para todos. Para un país, que espera salir de la incertidumbre pactista y disponer de gobierno para que la espada de Damocles de nuevas elecciones no termine bajando. Para un pueblo que cada vez entiende menos todo lo que está pasando y las decisiones unilaterales. Y para los resortes de un Estado de derecho que resisten como pueden.

Un viejo amigo solía repetir la pregunta. ¿Cómo terminará todo esto?

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