FIRMAS Francisco Pomares

A babor. A oscuras. Por Francisco Pomares

Medio millón de tinerfeños (doscientos mil clientes de suministro eléctrico) se quedaron el martes sin luz durante casi cuarenta minutos. Al parecer, se produjo una avería en la subestación de Candelaria que afectó a amplias zonas del Norte, el Sureste y el área metropolitana Santa Cruz-Laguna. Ningún sistema es perfecto, y que de vez en cuando se produzca una avería que ocasione un apagón de corta duración es algo que los usuarios debemos aceptar como una molestia asumible, aunque para comercios y talleres suponga también algunas pérdidas. Lo que ocurre es que lo del martes -una incidencia por avería- debería alertarnos sobre lo que puede ocurrir en los próximos meses y años si no se le pone remedio urgentemente. En toda Canarias -pero muy especialmente en Tenerife y Fuerteventura- las líneas de transporte de energía eléctrica están obsoletas y saturadas. En 2007, antes de que la crisis económica redujera drásticamente el consumo, algunas de esas líneas soportaban tráficos superiores a su capacidad de transporte. Llegó a publicarse entonces que la sobrecarga en horas punta suponía un uso del 104 por ciento de su capacidad, algo insostenible e incluso peligroso. El mejor ejemplo sería el de una cañería capaz de hacer circular cien litros de agua al minuto, por la que -en algunas ocasiones- circulan 104 litros. Siempre existe un margen de tolerancia, pero yo no estaría tranquilo si esa cañería sobrecargada recurrentemente pasara por encima del salón de mi casa. El riesgo de que se produzca un reventón es obvio. La red, en la que no se ha realizado ninguna intervención importante desde las reparaciones tras la tormenta del Delta, es como esa cañería: logró sobrevivir gracias a la reducción de demanda energética que acompañó a la crisis. Uno de los pocos efectos benéficos de la situación económica fue precisamente la caída del consumo y por tanto de la sobrecarga en el transporte. De haberse mantenido el ritmo de crecimiento, la red actual de transporte habría sido incapaz de soportarlo en 2010.

En junio de 2014, el presidente de Red Eléctrica Española, la compañía responsable del mantenimiento de las redes de transporte, anunció la realización de obras e inversiones por un total de 800 millones de euros en Canarias. Una verdadera fortuna, destinada a poner al día los seis sistemas eléctricos que hoy operan en las Islas. La inversión volvió a ser anunciada por Soria en octubre de 2015, como parte de la campaña electoral del PP en el Gobierno. Y hace unos días se refirió de nuevo a esa inversión el delegado del Gobierno en funciones, Enrique Hernández Bento. Todavía hoy, año y medio después, sigue sin gastarse un solo euro. La excusa es que las obras se demoran porque necesitan proyectos y permisos que dependen de distintas administraciones, y adjudicaciones con garantías de limpieza e igualdad de oportunidades para los licitantes. Pero quizá no podamos esperar tanto: el consumo energético está creciendo de nuevo de manera constante e intensa. En algunas islas -La Palma, por ejemplo-, ese crecimiento supera el cinco por ciento anual, sin que se haya atendido a la renovación de la red.

Por eso, si no se inician rápidamente las obras necesarias, los accidentes que provoquen caídas del suministro, apagones y «ceros» pueden convertirse en una constante. Quizá tengamos que empezar a pensar en ir comprando velas.

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