FIRMAS Juan Miguel Munguía Torres

«Prestige»: responsabilidad civil. Por Juan Miguel Munguía

Como muchos de ustedes recuerdan, corría el día 13 de noviembre de 2002, cuando el Prestige, un petrolero cuya navegación había alcanzado las 27,5 millas al oeste de la costa gallega de Fisterra, sufrió una rotura en su costado de estribor. Por esa abertura se estuvo derramando fuel hasta la fractura total y el consecuente hundimiento del barco, lo cual se aconteció seis días después, el 19 de noviembre, cuando se encontraba a sólo 138 millas de la costa. Derramando oficialmente una cantidad estimada 63.000 toneladas de fuel y provocando una de las catástrofes medioambientales más graves de los últimos años.

Hace más de 13 años de este suceso cuando el Tribunal Supremo ha dictado Sentencia en el caso “PRESTIGE”. Dicha Sentencia condena al capitán del petrolero a dos años de prisión como autor de un delito imprudente contra el medio ambiente en su modalidad agravada de daños catastróficos, por la grave afectación que padeció el medio marino y por los demás perjuicios que se provocaron a consecuencia del vertido de fuel del buque. Declara la responsabilidad civil subsidiaria de la propietaria del buque y del Fondo Internacional para la indemnización de daños causados por hidrocarburos con los límites establecidos en el convenio que lo regula.

Para adoptar su determinación, el Tribuna Supremo ha aplicado el régimen de responsabilidad civil previsto en el Convenio Internacional sobre Responsabilidad Civil, que establece un sistema limitado de responsabilidad que, de haber sido aplicado sin la integración de determinadas normas de nuestro ordenamiento jurídico, hubiera excluido al capitán del buque. En concepto de responsabilidad civil, el capitán del buque deberá indemnizar en los términos que se fijen en ejecución de sentencia, en la cuantía y con arreglo a los criterios establecidos en la sentencia. En concepto de responsabilidad penal, el Tribunal Supremo considera al capitán del buque responsable de un delito imprudente contra el medio ambiente en la modalidad agravada de deterioro catastrófico.

Además, se ha apreciado grave imprudencia por parte del capitán por haber acometido la travesía del Prestige en la manera en que lo en un momento en que lo previsible, es que hubiera de enfrentarse a condiciones meteorológicas adversas. Además, lo hizo con un barco que estaba envejecido y con deficiencias operativas que conocía perfectamente. A ello se suma que, iniciada la marcha desde el Puerto de San Petersburgo, completó el cargamento en el puerto estonio de Ventspils, donde permitió que fuera sobrecargado con un exceso de más de 2000 toneladas de fueloil, que provocó el consiguiente sobre calado, lo cual no sólo implicó un flagrante incumplimiento de la normativa sobre las líneas de carga, sino un evidente incremento del riesgo en relación a una navegación de la que como capitán era responsable y que, en atención al material altamente contaminante que trasportaba, exigía más rigurosas medidas de seguridad. Se colocó en una situación en la que no podía garantizar la seguridad del barco ante un fuerte contratiempo, fallo estructural que determinó el colapso de la maquinaria y la fractura del casco. Cuando el fallo estructural reventó el casco, el acusado para salvar la fuerte escora que abocaba al hundimiento adrizó el buque, permitiendo la entrada de agua de mar en los tanques, lo que sobrecargó en exceso el barco, minó su capacidad de resistencia y dificultó al máximo su rescate. Si bien es cierto que esta última maniobra la acometió cuando el vertido ya se había iniciado, fue decisiva de cara a impedir que el mismo fuera controlado hasta que finalmente el buque se fracturó.

En definitiva, se pone punto y final a esta tragedia que a todos, en su día, nos estremeció.

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario