FIRMAS Francisco Pomares

A babor. El retorno de un jubilado. Por Francisco Pomares

Pocas personas han sido tan importantes en la política insular herreña como el pequeño Tomás Padrón, presidente plenipotenciario del Cabildo herreño desde 1979 hasta el 2011, con la excepción de los cuatro años que van de 1991 a 1995. Una dedicación tan intensa y dilatada a los problemas de la Isla, y una honestidad personal jamás cuestionada, le convirtieron en un personaje respetado incluso por sus adversarios. Moderado, tolerante, pragmático, sensato… una «rara avis» de la política regional, fruto sin duda de una isla poco dada a otros excesos que no sean los del volcán. En 2011 se jubiló voluntariamente de la Presidencia del Cabildo y se fue a su casa, y su partido perdió las elecciones frente al (vamos a decir) socialista Alpidio, presentando a Belén Allende como candidata. Padrón podría haberse refugiado en el Parlamento de Canarias o en el Senado, pero ni eso quiso. Creía haber dado paso a una generación de líderes nuevos -la propia Belén, Narvay Quintero…- y estuvo cuatro años ocupado de sus cosas, leyendo los periódicos y opinando lo menos posible para no interferir en las decisiones de otros.

Pero era difícil olvidar su capacidad para muñir entendimientos y resolver situaciones. Ahora le han pedido que vuelva, a poner algo de orden en las aguas revueltas de la Agrupación Herreña, a evitar que la señora Allende monte el belén en el Cabildo, y a evitar que los conflictos de isla chica rompan el pacto regional por su costura más occidental. Él dice que está jubilado y que se trata de un regreso temporal. Con setenta años cumplidos nadie espera de Padrón que se dedique a pelear en primera fila. Le conozco desde hace años, admiro su sentido práctico y su inteligencia sin alardes, y sé que este regreso responde a algo más que a un apoyo coyuntural a las cosas de los suyos. Padrón vuelve porque la vorágine de estos días de ruido, furia, confusión y ridículo, ha colocado de nuevo sobre la mesa del poder regional el cambio de las normas que desde 1982 regulan la vida política en Canarias. Padrón fue el primero en pedir -sin necesitarlo- una reforma de las ley electoral canaria que redujera los topes regionales e insulares en la elección de diputados, un sistema injusto y arbitrario que en las últimas elecciones regionales, por ejemplo, dejó fuera a cuatro diputados de Ciudadanos.

Padrón cree -como casi todos los vecinos de isla menor- que la «triple paridad» ha sido clave para permitir que Canarias sea hoy una región y para que las islas no capitalinas hayan prosperado por primera vez en la historia. Pero en Tenerife y -sobre todo- en Gran Canaria, se cree justo lo contrario. Y éste es tiempo de cambios. Vuelve por eso Padrón a la brega para defender la vigencia de un sistema sin el que El Hierro -su isla- sería hoy un yermo. Lo demás es de andar por casa, éste es el asunto. Y no va a estar solo en esta pelea.

Canarias necesita equilibrar la representación entre política y territorio. Para muchos ciudadanos, es algo importante, que tiene mucho que ver con la calidad de la democracia. Pero Canarias es una realidad insular que no puede obviarse. Quienes pretendan cambiar la representación en el Parlamento sin contar con las islas menores se darán de bruces con esa realidad insular. Pero si quieren negociar cambios posibles con un tipo sensato, en el Hierro ya tienen  a alguien.

1 Comentario

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  • Le leo con asiduidad, señor Pomares, entre otras cosas porque su visión de las «cosas canarias» coincide en su totalidad con la mía y siempre me gusta leer a quien, opinando más o menos como yo, sabe explicarse perfectamente mientras que a mí me costaría mucho más dar esa explicación. Si me permite la comparación, es usted el Peter Jackson que sabe poner en imágenes lo que a mí me cuesta más imaginar leyendo a Tolkien. Sin embargo, me gustaría hacerle una pequeña apreciación y es que no estoy para nada de acuerdo que en Gran Canaria, desconozco el caso de Tenerife, no se esté de acuerdo en que la triple paridad haya sido clave en el progreso de las islas no capitalinas. Si hasta los setenta y ochenta, muchas zonas de Gran Canaria parecían el tercer mundo, no quiero imaginarme lo que pudiera suceder en otras islas por culpa de la doble insularidad. Lo que muchos grancanarios defendemos es que esa triple paridad, en los tiempos que corren y con los niveles de progreso alcanzados, ya no tienen razón de ser. Yo creo que se pueden articular medidas para que estos niveles de progreso se sigan produciendo y además que el valor de los votos depositados en las urnas por cada canario no sea tan insultantemente distinto como lo es ahora. Muchas gracias por leerme.