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¿Habemus Gobierno? Por Odalys Padrón

Algunos definen la televisión como un opiáceo adictivo, e incluso como uno de los dispositivos de control mental de masas más potentes jamás creado. Diversos experimentos constatan que mientras vemos la televisión nuestro cerebro intercambia actividad del hemisferio izquierdo al hemisferio derecho provocando liberación de endorfinas, el opiáceo natural de nuestro organismo ya que la endorfina es estructuralmente idéntica al opio y derivados como la morfina, codeína o la heroína. Estudios, como el producido en la extinta Alemania del Este, constataron empíricamente su adición. Sometieron a 182 voluntarios a permanecer sin ver la televisión durante un año con el incentivo de recibir un premio en metálico. Ninguno de los participantes superó el reto más de seis meses, mostrando síntomas propios de un síndrome de abstinencia: ansiedad, frustración y depresión.

Según los científicos ver la televisión adormece nuestro hemisferio izquierdo y delega en el derecho todas las áreas cognitivas, que no le corresponden. Las consecuencias son que el hemisferio derecho trata los datos que recibe sin analizarlos ni criticarlos, lo cual conduce a reacciones emocionales más que a respuestas inteligentes o razonadas. Además otros estudios demuestran que tras 30 segundos viendo televisión el cerebro comienza a producir ondas Alfa, provocando un letargo que asemeja a un estado comatoso.

Teniendo estas premisas y analizando la utilización invasiva que determinados partidos han hecho de esa máquina adictiva e hipnótica, llamada televisión no es de extrañar que muchos despierten ahora del letargo y se sientan defraudados con los resultados electorales y el uso que le están dando. Estamos asistiendo al triste espectáculo de la realidad, el momento en que los cabezas de lista de los partidos que componen el arco parlamentario deben decidir entre el interés general y el suyo particular, entre la coherencia con lo prometido en época electoral y lo que favorece a los “lobbys económicos” que, según dicen, gobiernan en la trastienda del país.

Contemplando el reciente conflicto catalán hemos visto como la CUP olvidó los verdaderos problemas de los catalanes, la crisis social, e invistieron como Presidente de la Generalitat a un político que se gastó 3,7 millones de euros en una colección de arte y los cargó a la factura del agua de los ciudadanos.

Parece que la historia se repite, las líneas rojas van perdiendo el color y “donde digo digo digo diego”. En la derecha, Rajoy inmóvil, retratado magníficamente por Arturo Pérez-Reverte en un tuit “Una liebre paralizada e inmóvil en mitad de una carretera, deslumbrada por los faros, esperando que la atropellaran. Ése ha sido y es Rajoy” y Rivera apostando por un acuerdo entre el PP y el PSOE para luego añadir que no les mostrará su apoyo a ninguno de los dos candidatos, ni Rajoy ni Sánchez, porque “ninguno está consiguiendo apoyos”. En el lado contrario a la derecha, ya que hablar de izquierda para algunos partidos que tienen representación parlamentaria es más un halago que una realidad, encontramos a Sánchez en la cuerda floja ante la negativa de los “barones” que no ven con buenos ojos un acuerdo con Podemos y el saber que si no consigue gobernar será reemplazado como Secretario General y un Iglesias que diluye cada día la exigencia del referéndum en Cataluña, porque como dijo el Decano de Políticas que dirigió su tesis doctoral “si para lograr sus metas Podemos tiene que cambiar el discurso, lo hará” y los hechos le dan la razón, porque ésta ha sido la tónica general para asuntos como la OTAN, la renta básica o el impago de la deuda, entre otros.

El Partido Popular está deslegitimado para gobernar España por la inmensa pérdida de derechos fundamentales que nos han “arrancado” y por la brutal desigualdad que ha generado en los salarios y entre las clases sociales. La única solución plausible es la de un gobierno de centro izquierda moderado con unos puntos programáticos incuestionables como son:

– Prioridad en la lucha contra la austeridad, la pobreza, el paro y los desahucios

– Derogación de las Reformas Laborales efectuadas por Zapatero en 2010 y por Rajoy en 2012. Salario digno con trabajo digno.

– Reforma fiscal que grave las rentas del capital más que las rentas del trabajo.

– Nueva Ley Electoral.

– Acabar con las privatizaciones y los recortes.

– Derogación de la Ley 15/97 que abrió las puertas a la privatización de la gestión de la Sanidad Pública.

– Derogación del art. 135 de la Constitución estableciendo un proceso constituyente.

– Plan de estado contra la violencia de género. Tolerancia cero.

– Derogación de la nueva y retrógrada ley del aborto.

– Derogación de la Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como Ley Mordaza.

– Derogación de la ley Wert (LOMCE).

– Implementación de una Banca Pública.

– Nacionalización de las eléctricas.

– Oposición rotunda al TTIP.

– Derogación de la Ley de Montes

– Derogación de la Reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, conocida como Ley de Punto Final.

Con estas proposiciones conseguiremos sacar del hoyo a las personas empobrecidas y darles un futuro a una juventud desilusionada. Hoy, más que nunca, son imprescindibles políticas de izquierdas transformadoras dado que muchos economistas advierten que se avecina una nueva crisis financiera global que podría ser peor que la del 2008.

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