FIRMAS Francisco Pomares

A babor. No es no. Por Francisco Pomares

Pedro Sánchez volvió a darle ayer calabazas al presidente del Gobierno (en funciones). «No es no», le dijo, cuando Rajoy volvió a plantear la posibilidad de una gran coalición integrada por el PP, los socialistas y Ciudadanos. Pedro Sánchez explicó que «cumplirá el mandato expresado en las urnas el 20 de diciembre», que es -según interpreta el dirigente del PSOE-, «formar un gobierno de cambio que reconstruya el estado de bienestar».

En realidad, los ciudadanos no expresan colectivamente ningún mandato cuando votan. Eso es una construcción literaria de los políticos. Lo que hacen los ciudadanos cuando votan es depositar su voto de forma individual. Al hacerlo votan por un partido (o contra otro, que es la forma más extendida de votar en España), pero no manifiestan qué debe hacer el partido en caso de que sus líderes se vean obligados a negociar algún tipo de coalición con otra fuerza política, para poder llegar al Gobierno. Muchos votantes de Pedro Sánchez habrían preferido votar a Ciudadanos o incluso al PP si pensaran que Sánchez pretendía pactar un gobierno con los independentistas. Otros habrían preferido votar a Podemos antes que al PSOE de haber pensado que el PSOE quería llegar a un acuerdo con el PP. No sabemos cuántos votantes del PSOE (o del PP) piensan una cosa y cuántos piensan otra, pero lo que sí sabemos es que ni los votantes del PSOE (ni los del PP) se pusieron de acuerdo con los de Podemos (o con los de Ciudadanos) para mandar un mensaje al país sobre qué Gobierno necesita España. Lo que hicieron fue apoyar a un partido para que tome las decisiones que considere pertinentes.

Si los partidos dijeran con claridad durante las elecciones con quiénes están dispuestos a gobernar y con quiénes no, entonces los ciudadanos podrían participar de esa información -como ocurre en la mayoría de los países europeos- y votar a sabiendas. Pero los partidos españoles son muy frívolos, tratan a sus electores como idiotas descerebrados: les dicen que confían en ganar las elecciones y gobernar ellos solos, mientras saben perfectamente por las encuestas (y sus votantes también) lo que va a ocurrir, grosso modo. Dicen que sería faltar el respeto a las urnas adelantar posibles acuerdos, cuando la falta de respeto es precisamente hablar en nombre de unos ciudadanos a los que no se ha consultado sobre pactos.

Hablando claro, los partidos escuchan un mandato que no se ha producido en ningún sentido. El PSOE puede interpretar que el mandato es de cambio, porque el PP ha retrocedido, pero el PP puede interpretar que es de continuidad, porque la derecha sigue siendo la fuerza más votada del país. Al final, no son los mandatos ciudadanos los que determinan los pactos políticos. Son las matemáticas y las líneas rojas. Las matemáticas siempre permanecen, pero no hagan ustedes mucho caso de las líneas rojas de hoy, porque mañana pueden no estar: se difuminan rápido. Con el paso de los días, las semanas y los meses, el «no es no» dará lugar a «no o sí, según y cómo». Les pasó a los del Junt pel Sí y la CUP (agua y aceite) en Cataluña. Y aquí pasará igual. Rajoy ya está dispuesto a gobernar con quien lo calificó de indecente. Y Pedro Sánchez ha escondido su gran bandera española para coquetear con Esquerra Republicana. En cuanto a Podemos… convertiría sus líneas rojas en verdes por cuatro grupos parlamentarios y el protagonismo y la pasta que eso comporta. Espero que no le llamen a esto «nueva política».

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